martes, 29 de diciembre de 2015

DALLAS


La televisión no fue un invento muy añejo en los pueblos de Euskal Herria, su entrada es tardia asi como el color. Por ello no es de estrañar, la impresion en la memoria que dejaron cuentos y relatos, al ser vistos en esos primigenios avances televisivos de nuestras vidas.

Nos desayunamos con las vidas costosas, esos enredos interminables y una moral a universalizar en el mundo, siempre claro está a través del tubo catódico. Los buenos son mas que buenos y los malos son eso, a repudiar. No hay resquicio a la opinion del espertador. 

No, por favor, como permitir dudar solo un instante sobre el supuesto malo de esa serie. No, es un pensamiento único. universal e intrasferible. No, solo en una ciudadania descarrida podria situarse algun mal pensado a osar revertir ese pensamiento dirigido hacia el malo.

En ocasiones si es cierto, ese malo, era malo. Ese J.R hizo del mal un don. Pero, este relato siempre estuvo en pos de escribir este pero, hay Malos inducidos y sentenciados a culpables, que es un ejercicio de honestidad reivindicarlos como buenos. Como el refrán blanco y en botella, leche. Nuestro J,R es bueno.

Aitor Alava
29/12/15
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