sábado, 21 de marzo de 2026

EL CUERPO MIGRANTE

 La teoría del cuerpo migrante: cómo las danzas cruzaron el océano sin perder su alma


Podemos afirmar que en algún momento entre los puertos de Europa y las tierras por descubrir(1) de América, algo más que personas atravesaron el océano. Como pisamos la tierra, como nos comunicamos, las costumbres el ritmo y a que ritmo las ejecutamos y la gestualidad intrínseca tanto individual como colectiva. Eso si las danzas, no cruzaron el océano en una urna termo-sellada, no. Viajaron en cuerpo y ser humano y al llegar cambiaron, más exactamente evolucionaron.

Archivo es nuestro cuerpo.

El lenguaje y sus frases, el cuerpo al moverse hace lo mismo y no hay dudas que es anterior al habla. Aparece un conocimiento del ritmo, como afrontarlo y reponder ritmicamnete al otro. Lo comunitario, hace de la memoria una parte de cada cuerpo, así se re-organiza el espacio el tiempo y las relaciones.

Sobre todo an cuanto a la estructura, cuando “llegamos”(2) a America no solo trajimos bailes/danzas sino estructuras de movimeinto, como la pareja como binmio, la repeticion de frases y su propia relación coreográfica. Por lo tanto danzas como las Contradanzas, el Fandango y el Bourre, seria sistemas vivos coregraficos y no piezas cerradas.


El Migrar transforma, no copia.

Surgen nuevas propuestas, como la Marinera o la Chacarera, no como copias sino respuesta a ese nuevo mundo, donde un mundo indígena, despues criollo, a continuacion junto a afrodescendientes y estructuraras sociales en plena evolución, lo que vino dejó de ser lo mismo. Se transformó.


La danza es memoria invisible

Con la transformación, algo permanece. No como copia de su origen, sino como eco. No serás visible, no tendrá nombre directo, eso si esta ahí, en la estructura de las frases, cuando los cuerpos se encuentran, en la organizacional directa e intrínseca del ritmo y por supuesto en la propia repetición que crea comunidad y tradición. Estariamos ante una estructura de danza , gracias a la memoria, como esqueleto vivo que resuena y se danza siglos despues, por ello el Bourre 300 años después lo podriamos reconocer en la Chacarera. Un Eco Danzistico tanto del pasado como de otro continente.


El cuerpo mestizo

En Europa, si algún día tuvimos caderas en la danza, las perdimos. En América esa estructura, a veces monolítica se convierte en Historia. Todo es más expresivo, más narrativo y en cierta manera con propuestas más simbólicas. Todo es un mestizaje(3). Aumenta sobremanera la intrepretación de las danzas, todo es con más tensión, más dialogo, mucha más seducción y por encima más encuentro. Todo un mestizaje sin dudas.


Teoría: el cuerpo migrante

Las danzas no migran como formas, sino como posibilidades.”

Lo que viaja no es la coreografía exacta,
sino una manera de organizar el movimiento. El cuerpo, al llegar a otro territorio, reinterpreta esa posibilidad;
y así, sin perder del todo su origen,
crea algo nuevo.

Al Danzar, recordamos sin saber

Quizás por eso, cuando observamos-vemos-bailamos ciertas danzas, sentimos una extraña familiaridad. Como si el cuerpo reconociera algo que la historia e historidores no terminan de explicar. Será porque, al final, toda danza es memoria en movimiento, y toda memoria, cuando se encarna,
se transforma.

EPíLOGO

Las danzas cruzaron el océano.
Pero no lo hicieron solas.

Fueron llevadas por cuerpos.
Y en esos cuerpos, cambiaron.

Sin embargo, en cada paso,
en cada giro,

en cada mirada,
en cada encuentro…

todavía late y resuena, silenciosa,
la huella de su viaje.

AITOR

(1)-Los vikingos fueron los primeros europeos en llegar a América, aproximadamente 500 años antes que Cristóbal Colón. Liderados por Leif Erikson, establecieron un asentamiento en L'Anse aux Meadows, Terranova (Canadá) alrededor del año 1000-1021 d.C.
(2)-Las venas abiertas de América Latina es un libro publicado en 1971 por el escritor uruguayo Eduardo Galeano. En la obra, el autor opina de modo global sobre la historia de América Latina desde la colonización hasta la América Latina contemporánea, argumentando con crónicas y narraciones el constante saqueo de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y los Estados imperialistas, como España, Portugal, el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX en adelante. La obra recibió mención honorífica del Premio Casa de las Américas.
(3)- LATINOAMERICA: Singular aventura de sus Danzas. 
Por qué aventura? Porque trata de las andanzas y de las peripecias que van surgiéndole a la danza en su relación con el hombre danzante, con los dioses, con los otros seres, consigo mismo. ¿Por qué singular? Porque el universo de la danza provoca el descubrimiento de lo único, lo original, lo inusitado. Esta aventura singular inicia su tránsito entre los miedos de aquel hombre que necesitó de la magia, del mito (y hasta de la hechicería) para conjurarlos; que se transmutó en animal danzante, con juegos, máscaras y sacrificios. Hombre danzante que, desde las horas primeras de Europa, África, Latinoamérica, hasta las horas actuales, ya inmerso en el mundo mítico de su comunidad aborigen o criolla, ya en su raigambre africana, ya creando y recreando en un escenario, sigue valiéndose de la danza para entender su mundo, conjurar sus miedos, develar misterios. ¿Por qué? Porque esta aventura nos acerca también al hombre que en todos los tiempos ha sabido sustraerse del mundo para bailar por el placer puro de la danza y (voz y mandato de la especie) para el encuentro de la pareja. DELIA KIGUEL

DANTZARIAK 70

 


Iñaki Irigoieni elkarrizketa, XVI. mendeari eskainitako bloke tematikoa, makila-dantza eta makila-jokoen bat-etortzeak edota Txistulari eta Dantzariak aldizkarien memoriak jaso ditu Dantzariak aldizkariaren 70. zenbakiak, besteak beste.

XVI. mendeari eskainitako bloke tematikoa nabarmentzen da ale honetako ikerketen atalean. Orduko antzerki, dantza eta jantziei erreparatu die Josu Larrinagak "Teatro, danza e indumentaria en el siglo XVI" artikuluan. Pablo A. Martin Bosch "Aritz"ek, berriz, XVI. mendeko testuinguru sozial, politikoan izan ziren aldaketak eta dantza tradizionaletan izan zuten eragina azaldu du. Tartean, esgrima eta dantza kontuak, garaian esgrimako hainbat maisuk beren artea erakusten zuten irudiak argitaratzen hasi baitziren; irudi horietako askok Durangaldeko ezpata jokoetako mugimenduen oso antzekoak erakusten dituzte. Bide horretatik, "Makil-dantzak eta makil-jokoa, ba al dago bateratasunik?" artikulua idatzi du Jose I. Ganboa Landak. Makilekin borrokatuz egin izan den eskrima mota eta euskal makila-dantzen arteko antzekotasunak aztertzen ditu.

Durangaldetik urrundu gabe, baina mende bat beranduagoko kontuak dakartza Koldo Ulibarrik; "Lezamiz y las danzas de Bizkaia del siglo XVII" lanean Durangoko Jose de Lezamizek 1699an Mexikon idatzi zuen liburuan Bizkaiko dantzen inguruan ematen dituen lekukotasunak, hain zuzen ere. Jose Alfonso Antequerak Juan Inazio Iztuetaren lanean Zamakolatarrek izan zuten eraginaren inguruko ekarpen dokumentalak jaso ditu; dantza-elementu nabarmenak eta haiek argitaratutako lanetan adierazitakoaren araberako albisteak eta garaiko hainbat idazki bildu ditu "Iztueta, Zamacolas, noticiarios de danza" artikuluan. Sandra Iraizozek Iñaki Irigoien dantzari, dantza-maisu eta ikertzailea elkarrizketatu du eta Dantzariak eta Txistulariak aldizkarien inguruko memoriak bildu ditu. Aipaturiko elkarrizketa, artikulu eta ikerketa-lanekin batera kronika, dantza taldeen urteurrenak, dantza argitalpenak eta bitxikeriak ere jaso dira 70. zenbaki honetan.

Zenbaki honen argitalpenarekin EDBk aldizkariaren zuzendari aldaketaren berri ere eman du. Pablo A. Martin Bosch "Aritz"ek hartu du hamaika urtez proiektuaren buru izan den Josu Larrinagaren lekukoa.

Aurkibidea

  • Agurra / Pedro Romeo Lizarraga
  • Editoriala / Pablo A. Martin Bosch ("Aritz")
  • Gazteen dantza topaketak 2025
  • Gaztemundu 2024: EDBren eskutik, dantza bizirik diasporan
  • Euskal Herriko Dantzari Eguna 2025
  • Agintzari: Medio siglo de danza y cultura vasca
  • Sustraiak, Legazpi
  • Zugaitza dantza taldea de Santurtzi
  • Iñaki Irigoienekin hizketan / Sandra Iraizoz
  • Dantzariak eta txistulari: Bi aldizkari, memoriarako eta jarraipenerako bokazio bera / Sandra Iraizoz
  • Teatro, danza e indumentaria en el siglo XVI / Josu Larrinaga Zugadi
  • El siglo XVI, al que robaron 10 días / Pablo A. Martin Bosch ("Aritz")
  • Iztueta, Zamacolas, noticiarios de danza / José Alfonso Antequera Chávez
  • Makil-dantzak eta makil-jokoa, ba al dago bateratasunik? / Jose I. Ganboa Landa
  • Lezamiz y las danzas de Bizkaia del siglo XVII / Koldo Ulibarri Orueta
  • Soka-tira de Tokashiki, Okinawa en Japón / Taketani Kazuyuki
  • Argitalpenak / Emilio Xabier Dueñas
  • Terpsícore; brokel dantza (1840) / José Alfonso Antequera Chávez


Fitxa

  • Zuzendaria: Pablo A. Martin Bosch ("Aritz")
  • Erredakzio batzordea: José Patricio Aldama, José Alfonso Antequera, Josu Larrinaga Zugadi, Pedro Romeo Lizarraga
  • Maketazioa: Vabeka
  • Azalaren argazkia: Josu Larrinaga Zugadi
  • Inprimaketa: Gráficas Irudi
  • Argitaletxea: Euskal Dantzarien Biltzarra
  • Lege gordailua: LG BI 1152-2024
  • Urtea: 2025

 

viernes, 20 de marzo de 2026

jueves, 19 de marzo de 2026

martes, 17 de marzo de 2026

La religión en Euskal Herria: una memoria que aún danza

 


En Euskal Herria, la religión nunca ha sido únicamente una cuestión de fe. Ha sido; y en muchos sentidos sigue siendo,  una forma de habitar el mundo, de organizar el tiempo, de dar sentido al cuerpo colectivo. En su obra, "La religión en EUSKAL HERRIA" Félix Placer Ugarte nos invita a recorrer esa transformación profunda: desde una espiritualidad arraigada en la tierra hasta las formas contemporáneas, más fragmentadas, pero no por ello menos significativas.

Este viaje no es lineal. Es, como la danza, un movimiento continuo entre lo antiguo y lo nuevo.


Cuando lo sagrado habitaba la tierra

Antes de templos y doctrinas, el pueblo vasco ya danzaba en torno a lo invisible. No como abstracción, sino como presencia. La montaña, la cueva, el bosque: todo era espacio de encuentro con lo sagrado.

Figuras como Mari no eran simples relatos, sino expresiones de una cosmovisión en la que la naturaleza no se dominaba, se escuchaba. En ese mundo, lo religioso no estaba separado de la vida: era la vida misma, en su ritmo cíclico, en su misterio.

Quizá ahí, en ese origen, ya encontramos algo esencial:
una espiritualidad que no se piensa, sino que se vive… y se encarna.

La cruz y la raíz: una fusión silenciosa

La llegada del cristianismo no borró ese sustrato. Lo transformó.

Lejos de una ruptura radical, en Euskal Herria se produjo una integración singular. Las antiguas creencias se filtraron en los nuevos ritos, y el calendario cristiano comenzó a latir al compás de antiguas sensibilidades. Las fiestas, las procesiones, los gestos repetidos año tras año: todo ello construyó una religiosidad profundamente popular.

Una religiosidad que no se limitaba al templo, sino que salía a la plaza.
Que no se reducía a la palabra, sino que implicaba al cuerpo.

La comunidad como forma de fe

Durante siglos, la religión fue el gran tejido invisible de la sociedad vasca. Marcaba los tiempos, nacer, trabajar, celebrar y morir; y ofrecía un marco compartido de sentido.

No era solo creencia: era pertenencia.

En los pueblos, la iglesia estructuraba la vida colectiva, pero también lo hacían los rituales, las fiestas, las prácticas heredadas. Había una dimensión profundamente comunitaria en la forma de vivir lo religioso. Una especie de “coreografía social” donde cada individuo sabía su lugar.

Y en esa coreografía, el cuerpo nunca estuvo ausente.


El siglo XX: cuando el silencio entra en escena

Con la modernidad llegó la fractura.

La industrialización, los cambios políticos, la secularización progresiva… todo ello fue debilitando la centralidad de la religión institucional. Lo que antes era colectivo comenzó a interiorizarse. Lo que era evidente, empezó a cuestionarse.

La fe dejó de ser un paisaje compartido para convertirse, en muchos casos, en una experiencia íntima o incluso ausente.

Pero el silencio no es vacío. Es transformación.


Lo que permanece: nuevas formas de lo sagrado

Como señala Félix Placer Ugarte, la desaparición de ciertas formas religiosas no implica el fin de la espiritualidad. Más bien abre un espacio para su reconfiguración.

Hoy, en Euskal Herria, lo religioso pervive de otras maneras:

    -en la memoria cultural

    -en los símbolos

    -en las celebraciones

  -en una cierta sensibilidad hacia lo comunitario

Y también —aunque a veces no lo nombremos así— en el cuerpo.

Danzar lo que antes se rezaba

Quizá una de las intuiciones más sugerentes que podemos extraer es esta:
lo que antes se expresaba a través de la religión, hoy encuentra otros lenguajes.

La danza es uno de ellos.

Allí donde la palabra ya no articula lo común, el cuerpo puede hacerlo. Allí donde la creencia se diluye, el gesto permanece. La dantza, en este sentido, no es solo patrimonio cultural: es una forma de continuidad simbólica.

Una forma de seguir reuniéndonos.
De seguir marcando un ritmo compartido.
De seguir diciendo, sin palabras, que pertenecemos.

Coda final

Tal vez la religión en Euskal Herria no ha desaparecido.
Tal vez ha cambiado de forma.

Y quizás, en cada círculo de danza, en cada paso repetido, sigue latiendo, discreta, una antigua manera de creer.

EPÍLOGO
Como un río que mana desde el fondo del bosque o brota en las áridas rocas de la montaña y continua abriendo su cauce serpenteante entre árboles, hojas y piedras, alimentado por escondidos manantiales, también la experiencia religiosa nace en la profunda e inprenetable  prehistoria de la humanidad y sus aguas surcan el tiempy la historia de cada pueblo.                                         (FELIX PLACER UGARTE)

KORRIKA BASABÜRÜTIK ABIATZEN

 


Hitzak : Anna Iraola eta ALOZE-ZIBOZE-ONIZE ko HIRUAK elkartearen Eüskaraz bizi batzordea Ahaidea : Niko Etxart Müsika eta moldaketak : Oihan Oliarj Ines Kantorearen grabaketa : Pierre Vissler « Vivi » Bideoklipa : Elsa Oliarj Ines



Korrika basabürütik zaikü abiatzen Hebenko herri ttipiak ihaurrausiz Aize buhet batek gütü hartzen Gure hizkuntzaren bidea erakutsiz…erakutsiz ! Hasi ginen gordaxka eüskaraz ikasten Bordalte eta ezkaratz biziarazten Bena hizkuntzari atzaman genion olha Herrian plantatüz ikastola…ikastola ! Arbaila non Pettarra eta Basabürüan Gure nortarzüna dügü Euskaran « EUSKARA GARA », gütük, gütüketzü zoin gütün Halaber, (halaber !) Halaber euskalki orotan, gure euskalki orotan Ama mintzoa heda-zabal dezagün !!! Sibaseako Madalena dügü bertan Sorne Unzueta-Landeta han Transmisione ta erabilpenari etxeka Atharratze, Bilbo ber güdüka…ber güdüka ! Arbaila non Pettarra eta Basabürüan Gure nortarzüna dügü Euskaran « EUSKARA GARA », gütük, gütüketzü zoin gütün Halaber, (halaber !) Halaber euskalki orotan, gure euskalki orotan Ama mintzoa heda-zabal dezagün !!! Errekak jüntatüz ühaitza da hazten Ele_egitez eüskara ere indartzen Ez düda, zü ere zira honki jina Goatzan denak eüskaraz, jo aitzina…jo aitzina ! Arbaila non Pettarra eta Basabürüan Gure nortarzüna dügü Euskaran « EUSKARA GARA », gütük, gütüketzü zoin gütün Halaber, (halaber !) Halaber euskalki orotan, gure euskalki orotan Ama mintzoa heda-zabal dezagün !!! (x2)


sábado, 14 de marzo de 2026

DANZAS CIRCULARES

 


Hay una forma de bailar que aparece en casi todas las culturas del planeta. No pertenece a un solo pueblo ni a una sola época. Surge en aldeas, plazas, montañas y desiertos. Es sencilla y poderosa al mismo tiempo: la danza en círculo.


En muchas tradiciones, el círculo no es solo una forma coreográfica. Es una manera de entender la comunidad. Nadie ocupa el centro durante mucho tiempo; todos participan del mismo movimiento. El círculo iguala, reúne y protege.

Curiosamente, esta forma de danza aparece en lugares muy alejados entre sí:


KOLO

DABKE

BON ODORI

SABAR

HAKA

CARNAVALITO

ERREGELAK

Desde los Balcanes hasta los Pirineos, desde Japón hasta África, el círculo aparece una y otra vez.

Quizá porque, antes de los escenarios y los teatros, la danza nació así:
personas tomadas de las manos, girando juntas alrededor de la vida.

aitor

jueves, 12 de marzo de 2026

ARDER PARA SEGUIR SIENDO

 

Hay celebraciones que requieren escenarios espectaculares y el relumbrón constante de los focos. Otras sobreviven desde el arraigo. El carnaval de Etxauri pertenece a estas últimas, y precisamente ahí reside su fuerza y su belleza.
Como fotógrafo de temática etnográfica, he recorrido numerosas fiestas de Euskal Herria: carnavales rurales, mascaradas, celebraciones de largo recorrido histórico, en entornos marcados por la mitología. Enseguida aprendí que el papel de quien documenta no es intervenir ni entorpecer, sino mantenerse al margen, observar y respetar los códigos internos de cada comunidad. La cámara no debe alterar aquello que pretende preservar.
En Etxauri, a pocos kilómetros de Iruñea, he constatado una acogida sincera, natural, sin impostura. No es una hospitalidad manifiesta para quien llega con cámara o libreta, consiste en algo más discreto: una mirada que te reconoce, un gesto que te hace sitio, una conversación breve que rompe la distancia. En este tipo de contexto, estoy acostumbrado a moverme en los márgenes, a no trabar, a pasar casi desapercibido. Allí, sin embargo, no sentí la necesidad de ponerme en «modo invisible». Sentí que podía estar, simplemente estar. Mimetizado. Y esa sensación no nace del protocolo, fluye de la forma en que el pueblo entiende su propia fiesta. La plaza no se muestra como el escenario para otros, es un espacio compartido donde cada presencia encuentra su lugar.
Gerexipot, el robacerezas, una mezcla de humano e insecto, es el eje simbólico de este carnaval. Al igual que en otros carnavales rurales de Euskal Herria −Lantz o Zalduondo−, en Etxauri se elige una figura nuclear que encarna el mal, el embuste, la contaminación de los campos... aquello que amenaza los recursos de la tierra y la vida colectiva. La leyenda cuenta que engañó a los habitantes del valle ofreciéndoles extraños aceites para mejorar las cosechas de sus cerezos con el fin de envenenarlos. Desde entonces se le atribuyen plagas, sequías y pedriscos. Cada año, en febrero, es apresado, juzgado, exhibido en kalejira por las calles del pueblo y, finalmente, quemado. El fuego, purificador, anunciando el fin del invierno, el inicio de un nuevo ciclo.
La escenografía integra un atributo de transformación: una forma de liberar en común. Mucho antes de que el calendario cristiano fijara el carnaval en los días previos a la Cuaresma, las colectividades rurales celebraban el tránsito a la primavera con rituales estacionales. Se trataba de dejar atrás el frío. Quemar un muñeco −ya sea Miel Otxin, Markitos o Gerexipot−, transgredir el orden establecido por unas horas, cubrirse el rostro, lanzar cenizas... no es simple diversión. Es una manera de enfrentarse juntas a la incertidumbre y de conjurar el regreso de la luz. Un modo de ser y existir.
Si se examina con perspectiva, se llega a la conclusión de que este rito encierra también una dimensión política. Se designa un chivo expiatorio: la representación de lo negativo; se le dota de rostro para poder señalarlo y reducirlo a cenizas. Es un juicio convenido y alegórico. La pedagogía es clara: las crisis se resuelven afrontando juntas lo que nos afecta. Fuera del ámbito ritual, en la realidad política, tendemos a simplificar lo complejo, a buscar culpables sociales vulnerados que carguen con frustraciones colectivas. No existe alegoría, sino una evidente manipulación de los grupos de responsabilidad real.
El carnaval es, además, un tiempo liminal. No es ya el crudo invierno, aunque tampoco es todavía primavera. Es un punto intermedio. Quizá en la actualidad estamos recorriendo un momento histórico similar: colapso ecosocial, resurgir de las viejas pulsiones autoritarias, guerras neocoloniales... Intuimos lo que termina, sin alcanzar a ver con nitidez qué empieza.
Gramsci lo formuló con una imagen poderosa: «El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos». Los monstruos no aparecen de la nada; brotan del miedo y de la falta de horizonte.
En Etxauri, la transición no se atraviesa en soledad, se ritualiza en comunidad. Si bien la puesta en escena actual es relativamente reciente, el carnaval se sostiene sobre una memoria antigua.

La estética del desfile nos remite al mundo agricultor y ganadero que han dado forma y entidad al valle. Nada se despliega como ornamento; el proceso se desarrolla en el seno del imaginario colectivo. El valor de la sencillez hace que todo sea más auténtico. Los personajes secundarios, la estampa de la ceniza, los sacos, las pieles, la txalaparta y los elementos naturales evocan una vida vinculada directamente a la tierra. La gente, cubierta de helechos, deja de ser reconocible para convertirse en seres que parecen brotar de la sierra de Sarbil. Ni del todo personas, ni del todo paisaje.
Las alcaldías de los seis municipios de Etxauribar y los correspondientes banderadunak, recuerdan que la identidad es compartida y territorial. La comunidad se representa a sí misma, sin necesidad de amplificarse. Cuando las llamas envuelven a Gerexipot, bailan a su alrededor el zortziko y brindan con la pócima biharra. No se quema solo un personaje legendario. Se quema el desconcierto, la amenaza sobre la cosecha, la incertidumbre que acompaña al invierno. Y se enciende una red insondable: la voluntad de seguir siendo comunidad.
Quizá desde fuera pueda parecer únicamente un carnaval rural. Pero quien se detiene a reflexionar, consciente del peligro de la deriva reaccionaria, entiende que allí se está preservando un ecosistema mucho más frágil y valioso: una manera propia de organizarse, de recordar y de esperar juntas la primavera.
Y eso, en estos tiempos, es un acto profundamente político.

Texto y fotos: Imanol Bueno Bernaola


















Haurreskolari

 


La compañía Tio Teronen semeak presenta así este espectáculo: "¡La célebre cuadrilla ha vuelto al cole! Revivirán momentos inolvidables de nuestras vidas con conocidas melodías. Intentarán desaprender lo aprendido para, de la mano del público, construir un proceso de aprendizaje desde el humor. Todo el mundo a clase, ¡que ya ha sonado la campana!"