Si solo fuese pasado,
no sería huella que insiste en la tierra,
nombre que vuelve en el viento,
pasos con recuerdos que no se dejan borrar.
Fandango y Marinera: el cuerpo que seduce a ambos lados del océano
Bidea
Pudo elegir la senda suave.
No lo hizo.
Subió por la piedra,
por la montaña vasca sin nombre,
por esos puertos
donde el viento afila el alma
y el silencio enseña a pensar.
Sin txistu.
Sin fiesta.
Solo el cuerpo
aprendiendo a ser camino.
Cuando llegó,
nadie anunció la llegada.
Pero el aire cambió.
Una txirula encendió la tarde.
Las máscaras giraron.
El círculo se abrió.
Y él entró.
No como quien llega,
sino como quien ya es
otra cosa.
Porque hay caminos
que no llevan a un lugar,
sino a un ritmo.
Y solo quien ha escuchado al viento
puede bailarlo.
AITOR
Y sin embargo, cuando el cuerpo observa -y más aún cuando el cuerpo baila´-aparece una intuición difícil de ignorar: hay algo que se reconoce. No en la forma exacta, sino en la lógica profunda del movimiento.
EL Bourre nace en el mundo rural de Francia. Es una danza de comunidad, de repetición, de ritmo insistente. Los cuerpos se organizan en estructuras claras, donde el paso es corto, marcado, casi pegado a la tierra.
La chacarera, en cambio, florece en Santiago del Estero, dentro de un paisaje completamente distinto. Allí, la danza se abre: aparece el juego, el rodeo, la distancia entre los cuerpos que se buscan.
Pero bajo esas diferencias, el pulso sigue siendo reconocible.
Si quitamos la superficie -música, vestuario, contexto-y miramos la arquitectura de la danza,es decir el movimiento, encontramos coincidencias sugerentes:
-Organización en frases repetidas.
-Estructura clara de inicio, desarrollo y cierre.
-Relación y códigos entre los bailarines.
-Uso rítmico como eje ordenador
No es la misma danza, pero sí parece compartir un mismo “idioma estructural”. Como si ambas ertenecieran a una familia lejana.
En el Bourre, en pareja, cuartetos o grupos,el acento está en lo colectivo. El grupo ordena el movimiento. El individuo se integra. En la Chacarera, en cambio, emerge con fuerza la pareja. Pero no una pareja cerrada, sino una pareja que:
-Se busca.
-Se esquiva.
-Se galantea.
-Se construye en el movimiento.
Aquí ocurre una mutación esencial: la estructura comunitaria europea se transforma en relato coreográfico americano. Se cuenta una historia en cada danza.
Hay un elemento especialmente revelador: el pie.
En ambas danzas:
-El ritmo se afirma desde el suelo.
-El zapateo o marcación tiene protagonismo.
-El cuerpo no flota: pesa, golpea, afirma, se desplaza.
Es
un detalle técnico, en
las dos bajamos el eje corporal y así aumenta la flotabilidad y el
desplazamiento.
El pie es memoria.
Es el lugar donde el cuerpo se conecta con la
tierra,
incluso cuando esa tierra ha cambiado y
es otra.
La Chacarera no es un Bourre desplazada. Es algo mucho más complejo. En ella conviven:
-Estructuras europeas.
-Sensibilidades indígenas
-Aportes afroamericanos
Con este cruzamento nace una danza más abierta, más expresiva, más narrativa. Donde antes había repetición, ahora hay intención. Donde antes había estructura, ahora hay juego. El zapateo/zarandeo cobran un protagonismo sublime.
Quizá
la mejor manera de entender esta relación no sea hablar del origen,
sino de resonancia. Como nos queda. El Bourre no se convierte en la
Chacarera.
Pero algo de ella -de su lógica, de su pulso, de su
forma de organizar el cuerpo, de sus miradas- sigue vibrando. Como un
eco/danza que atraviesa el tiempo y el espacio, hasta nuestros días.
-La
historia necesita pruebas.
-El cuerpo, en cambio, trabaja con
sensaciones.
-Por eso, a veces, la danza intuye relaciones que los libros aún no pueden confirmar.
-Y ahí aparece un territorio la investigación desde el movimiento.
Tal vez nunca podamos demostrar que el Bourre viajó hasta convertirse en Chacarera.
Pero
cada vez que un pie golpea la tierra,
cada vez que dos cuerpos
se buscan en el ritmo,
cada vez que la estructura sostiene el
juego…
y cuando se cruzan dos miradas
algo antiguo se activa.
Algo
que cruzó el océano.
Y que hoy, sigue danzando.
AITOR
La teoría del cuerpo migrante: cómo las danzas cruzaron el océano sin perder su alma
Podemos afirmar que en algún momento entre los puertos de Europa y las tierras por descubrir(1) de América, algo más que personas atravesaron el océano. Como pisamos la tierra, como nos comunicamos, las costumbres el ritmo y a que ritmo las ejecutamos y la gestualidad intrínseca tanto individual como colectiva. Eso si las danzas, no cruzaron el océano en una urna termo-sellada, no. Viajaron en cuerpo y ser humano y al llegar cambiaron, más exactamente evolucionaron.
El lenguaje y sus frases, el cuerpo al moverse hace lo mismo y no hay dudas que es anterior al habla. Aparece un conocimiento del ritmo, como afrontarlo y reponder ritmicamnete al otro. Lo comunitario, hace de la memoria una parte de cada cuerpo, así se re-organiza el espacio el tiempo y las relaciones.
Sobre todo an cuanto a la estructura, cuando “llegamos”(2) a America no solo trajimos bailes/danzas sino estructuras de movimeinto, como la pareja como binmio, la repeticion de frases y su propia relación coreográfica. Por lo tanto danzas como las Contradanzas, el Fandango y el Bourre, seria sistemas vivos coregraficos y no piezas cerradas.
Surgen nuevas propuestas, como la Marinera o la Chacarera, no como copias sino respuesta a ese nuevo mundo, donde un mundo indígena, despues criollo, a continuacion junto a afrodescendientes y estructuraras sociales en plena evolución, lo que vino dejó de ser lo mismo. Se transformó.
Con la transformación, algo permanece. No como copia de su origen, sino como eco. No serás visible, no tendrá nombre directo, eso si esta ahí, en la estructura de las frases, cuando los cuerpos se encuentran, en la organizacional directa e intrínseca del ritmo y por supuesto en la propia repetición que crea comunidad y tradición. Estariamos ante una estructura de danza , gracias a la memoria, como esqueleto vivo que resuena y se danza siglos despues, por ello el Bourre 300 años después lo podriamos reconocer en la Chacarera. Un Eco Danzistico tanto del pasado como de otro continente.
En Europa, si algún día tuvimos caderas en la danza, las perdimos. En América esa estructura, a veces monolítica se convierte en Historia. Todo es más expresivo, más narrativo y en cierta manera con propuestas más simbólicas. Todo es un mestizaje(3). Aumenta sobremanera la intrepretación de las danzas, todo es con más tensión, más dialogo, mucha más seducción y por encima más encuentro. Todo un mestizaje sin dudas.
“Las danzas no migran como formas, sino como posibilidades.”
Lo
que viaja no es la coreografía exacta,
sino una manera de
organizar el movimiento. El cuerpo, al llegar a otro territorio,
reinterpreta esa posibilidad; y
así, sin perder del todo su origen,
crea algo nuevo.
Quizás
por eso, cuando observamos-vemos-bailamos
ciertas danzas, sentimos una extraña familiaridad. Como si el cuerpo
reconociera algo que la historia e historidores
no terminan
de explicar. Será
porque,
al
final,
toda
danza es memoria en movimiento, y
toda memoria, cuando se encarna,
se transforma.
XVI. mendeari eskainitako bloke tematikoa nabarmentzen da ale honetako ikerketen atalean. Orduko antzerki, dantza eta jantziei erreparatu die Josu Larrinagak "Teatro, danza e indumentaria en el siglo XVI" artikuluan. Pablo A. Martin Bosch "Aritz"ek, berriz, XVI. mendeko testuinguru sozial, politikoan izan ziren aldaketak eta dantza tradizionaletan izan zuten eragina azaldu du. Tartean, esgrima eta dantza kontuak, garaian esgrimako hainbat maisuk beren artea erakusten zuten irudiak argitaratzen hasi baitziren; irudi horietako askok Durangaldeko ezpata jokoetako mugimenduen oso antzekoak erakusten dituzte. Bide horretatik, "Makil-dantzak eta makil-jokoa, ba al dago bateratasunik?" artikulua idatzi du Jose I. Ganboa Landak. Makilekin borrokatuz egin izan den eskrima mota eta euskal makila-dantzen arteko antzekotasunak aztertzen ditu.
Durangaldetik urrundu gabe, baina mende bat beranduagoko kontuak dakartza Koldo Ulibarrik; "Lezamiz y las danzas de Bizkaia del siglo XVII" lanean Durangoko Jose de Lezamizek 1699an Mexikon idatzi zuen liburuan Bizkaiko dantzen inguruan ematen dituen lekukotasunak, hain zuzen ere. Jose Alfonso Antequerak Juan Inazio Iztuetaren lanean Zamakolatarrek izan zuten eraginaren inguruko ekarpen dokumentalak jaso ditu; dantza-elementu nabarmenak eta haiek argitaratutako lanetan adierazitakoaren araberako albisteak eta garaiko hainbat idazki bildu ditu "Iztueta, Zamacolas, noticiarios de danza" artikuluan. Sandra Iraizozek Iñaki Irigoien dantzari, dantza-maisu eta ikertzailea elkarrizketatu du eta Dantzariak eta Txistulariak aldizkarien inguruko memoriak bildu ditu. Aipaturiko elkarrizketa, artikulu eta ikerketa-lanekin batera kronika, dantza taldeen urteurrenak, dantza argitalpenak eta bitxikeriak ere jaso dira 70. zenbaki honetan.
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