martes, 10 de marzo de 2026

Zaratustra, el filósofo que quería bailar

 


Cuando Friedrich Nietzsche escribió Así habló Zaratustra, no estaba componiendo un tratado de filosofía tradicional. Estaba creando una obra a medio camino entre el poema, el mito,  la profecía más algo de provocación. Y en ese universo simbólico aparece una figura inesperada para la filosofía: el bailarín, para nosotros el DANTZARI.

En muchas páginas de la obra, Zaratustra habla contra lo que F.Nietzsche llama el espíritu de la pesadez. Es el espíritu de las normas rígidas, de las verdades inmóviles, de la moral que pesa sobre el cuerpo y sobre la vida.

Frente a ese peso, Zaratustra propone algo radical: la ligereza.

No es casual que una de las frases más célebres del libro diga:

“Yo no sabría creer más que en un dios que supiese bailar.”

La frase, tantas veces citada-usada, no es una provocación superficial. Es casi una declaración de principios. Nietzsche imagina un dios que no oprime ni condena, sino que celebra la existencia. Un dios que danza.

La danza, en el pensamiento de Nietzsche, no es sólo movimiento. Es una forma de sabiduría.

El bailarín conoce el equilibrio entre fuerza y ligereza. Domina la gravedad(1) sin negarla. Transforma el peso en ritmo. Y algo parecido debería hacer el ser humano con su propia vida.

Por eso Zaratustra invita también a aprender a bailar sobre uno mismo. Es decir, a superar las propias cargas, a convertir las dificultades en movimiento, a no quedar atrapado en la rigidez.

En ese sentido, el ideal humano que Nietzsche imagina —el famoso “superhombre”— no es un héroe guerrero ni un dominador. Es, más bien, un espíritu ligero, alguien capaz de reír, crear y danzar.

Por eso también escribe:

“Y que se pierda el día en que no hayamos bailado al menos una vez.”

La frase puede leerse de muchas maneras. Puede ser literal: un elogio del cuerpo, del movimiento, del placer de la danza. Pero también puede ser simbólica: un día sin danza es un día sin alegría creadora, un día en el que la vida ha sido demasiado pesada, en definitiva un día perdido.

Vista desde hoy, la intuición de Nietzsche resulta sorprendentemente cercana a muchas culturas tradicionales. En ellas la danza nunca fue sólo espectáculo. Fue lenguaje, identidad(2), comunidad y celebración de la vida.

Tal vez por eso Zaratustra(3), ese extraño profeta de la montaña, no quería discípulos solemnes ni seguidores tristes.

Quizá lo que buscaba era algo mucho más raro en la historia de la filosofía:

"discípulos que supieran bailar"(4).


Quizá Friedrich Nietzsche sospechaba algo que la filosofía había olvidado u ocultado:

 Hay pensamientos que sólo el cuerpo comprende.

Y que algunas verdades,
si no saben bailar,
pesan demasiado para ser verdaderas.
.........................................................................................................................

En su obra Zarathoustra, Béjart transforma la filosofía en un ritual coreográfico donde el bailarín aparece como un ser que busca superarse constantemente. La danza se convierte aquí en una forma de ascensión espiritual, muy cercana al ideal nietzscheano del ser humano que se reinventa.

El coreógrafo alemán Uwe Scholz creó una coreografía basada en la música de Richard Strauss, Also sprach Zarathustra. La coreografía explora la relación entre orden, cosmos y movimiento, siguiendo la monumental arquitectura musical de Strauss. Los cuerpos se mueven como si fueran parte de una estructura universal.

Aunque Pina Bausch no coreografió directamente Zaratustra, su Tanztheater comparte muchas ideas con Nietzsche: el cuerpo como verdad, la lucha contra las normas sociales y la búsqueda de autenticidad. En muchas de sus obras el bailarín aparece como un ser vulnerable que se rebela contra la pesadez del mundo, algo muy cercano al espíritu de Zaratustra.

El coreógrafo argentino Oscar Araiz exploró en varias creaciones la relación entre filosofía, mito y movimiento, incluyendo lecturas escénicas de obras inspiradas en la música de Strauss. En estas propuestas, la danza se convierte en una reflexión sobre el lugar del ser humano en el universo, una pregunta muy presente en el pensamiento de Nietzsche.

Epílogo

Tal vez no sea casual que Nietzsche escribiera:

“Yo no sabría creer más que en un dios que supiese bailar.”

Porque, al final, Zaratustra no sólo quería enseñar una nueva filosofía.

Quizás lo que realmente buscaba era una humanidad capaz de danzar sobre la gravedad de nuestra existencia.

aitor

domingo, 8 de marzo de 2026

AITOR-el mito de AGOSTI XAHO

 


En la primera mitad del siglo XIX, el intelectual Zuberotarra Agosti Xaho participaba del ambiente cultural del romanticismo europeo. En aquella época muchos pensadores intentaban encontrar orígenes míticos para los pueblos de Europa, buscando figuras fundadoras o héroes ancestrales.

En ese contexto, Xaho desarrolló una interpretación literaria del origen del pueblo vasco en la que aparece Aitor, presentado como el patriarca primitivo de los vascos.

El contexto romántico

Durante el siglo XIX se puso de moda estudiar:

  • las lenguas antiguas

  • las tradiciones populares

  • las leyendas de cada pueblo

Intelectuales de toda Europa intentaban demostrar que sus pueblos tenían raíces muy antiguas y nobles. Xaho hizo lo mismo con el mundo vasco.

La aparición de Aitor

En sus escritos históricos y literarios, especialmente en Histoire primitive des Euskariens-Basques, Xaho presentó a Aitor como:

  • el antepasado común de los vascos,

  • una figura casi patriarcal que habría dado origen al pueblo vasco,

  • símbolo de antigüedad, libertad y pureza cultural.

El propio nombre tiene una interpretación muy sugerente.
Muchos autores creen que Xaho lo construyó a partir de la expresión vasca “aita on” o “aita” (padre), reforzando la idea de “buen padre” o “padre fundador”.

Un mito literario

Lo importante es que no existen referencias antiguas claras a Aitor en la mitología tradicional vasca.

Esto indica que:

  • no era un mito popular antiguo,

  • sino una creación literaria del siglo XIX.

Xaho, como buen romántico, mezcló historia, imaginación y simbolismo para construir una genealogía mítica del pueblo vasco.

El éxito del mito

Lo sorprendente es que la figura de Aitor tuvo un éxito enorme. Con el tiempo:

  • escritores vascos retomaron el personaje

  • apareció en literatura y discursos culturales

  • incluso se convirtió en nombre propio muy popular.

Así, un personaje creado en el contexto intelectual del siglo XIX terminó entrando en la identidad simbólica vasca.

Significado cultural

Más que un personaje histórico, Aitor representa una idea:
la del pueblo vasco como comunidad antigua, unida por su lengua y sus tradiciones.

Por eso el mito sigue teniendo fuerza hoy:
no por su valor histórico, sino por su valor simbólico y cultural.

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De Xaho al nacionalismo vasco: la difusión del mito de Aitor


Cuando Agosti Xaho introdujo la figura de Aitor en el siglo XIX, lo hizo dentro de un contexto literario romántico. Para él, Aitor era una manera de expresar la antigüedad y singularidad del pueblo vasco, más simbólica que histórica.

Durante varias décadas la idea circuló sobre todo en ambientes intelectuales y literarios, sin llegar todavía a convertirse en un símbolo popular.

El papel de Sabino Arana

A finales del siglo XIX apareció una figura clave: Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco moderno.

Arana estaba muy interesado en:

  • los orígenes del pueblo vasco

  • la lengua euskera

  • los símbolos identitarios

En ese contexto, el personaje de Aitor encajaba perfectamente como antepasado simbólico del pueblo vasco.

Arana y los primeros nacionalistas retomaron ese mito y lo difundieron en:

  • artículos

  • discursos políticos

  • textos ideológicos

  • literatura cultural

La popularización del nombre

Con el tiempo ocurrió algo curioso:
el nombre Aitor, que prácticamente no se utilizaba antes del siglo XIX, empezó a popularizarse como nombre propio en el País Vasco.

Durante el siglo XX se convirtió en uno de los nombres más utilizados en Euskal Herria, especialmente a partir de la recuperación cultural vasca.

De personaje literario a símbolo cultural

Así, el recorrido fue sorprendente:

  1. Agosti Xaho crea una figura literaria en el siglo XIX.

  2. Sabino Arana y el nacionalismo vasco la integran en su discurso cultural.

  3. El nombre Aitor pasa a formar parte de la identidad cotidiana de muchas familias vascas.

Es un ejemplo muy claro de cómo una creación literaria puede terminar influyendo en la cultura real de un pueblo.


💡 Una pequeña paradoja histórica:
el nombre Aitor, hoy tan común en el País Vasco, no aparece en documentos medievales ni en la tradición oral antigua. Su difusión se debe en gran parte a una idea romántica del siglo XIX.

  • no era un mito popular antiguo,

  • sino una creación literaria del siglo XIX.

Xaho, como buen romántico, mezcló historia, imaginación y simbolismo para construir una genealogía mítica del pueblo vasco.

El éxito del mito

Lo sorprendente es que la figura de Aitor tuvo un éxito enorme. Con el tiempo:

  • escritores vascos retomaron el personaje

  • apareció en literatura y discursos culturales

  • incluso se convirtió en nombre propio muy popular.

Así, un personaje creado en el contexto intelectual del siglo XIX terminó entrando en la identidad simbólica vasca.

Significado cultural

Más que un personaje histórico, Aitor representa una idea:
la del pueblo vasco como comunidad antigua, unida por su lengua y sus tradiciones.

Por eso el mito sigue teniendo fuerza hoy:
no por su valor histórico, sino por su valor simbólico y cultural.
AITOR

15 mujeres que cambiaron la danza… y muchas más que la sostuvieron.

     Cada Día Internacional de la Mujer, dia de lucha /memoria y no festejo, invita a mirar la historia con otros ojos.


También la historia de la danza.

    Durante siglos, los grandes nombres escritos en libros y programas fueron, muchas veces, masculinos. Pero la danza —como lenguaje del cuerpo y de la comunidad— ha sido sostenida, transformada y transmitida por innumerables mujeres.

Algunas de ellas cambiaron para siempre la historia del arte del movimiento.

    La norteamericana Isadora Duncan rompió con el corsé del ballet académico y defendió una danza libre, natural y profundamente humana.
    La innovadora Loïe Fuller llevó al escenario nuevas formas de luz y movimiento que transformaron la estética escénica.
    Ruth St. Denis abrió la puerta a influencias culturales de Asia y Oriente en la danza moderna.

    En el ballet, la figura de Anna Pavlova marcó una época con su inolvidable interpretación de La muerte del cisne.
    A su estela llegaron intérpretes extraordinarias como Margot Fonteyn, Alicia Alonso o Maya Plisetskaya, que elevaron la técnica y la emoción del ballet a niveles históricos.

    En la danza contemporánea, la revolución fue aún más profunda. Mary Wigman exploró la intensidad expresiva del cuerpo.
    Martha Graham creó una técnica que cambió para siempre el lenguaje de la danza moderna.
    Y décadas más tarde, Pina Bausch fusionó danza y teatro para hablar de las emociones humanas con una profundidad inédita.

    Otras artistas abrieron caminos culturales y sociales. Josephine Baker rompió barreras raciales y transformó el espectáculo internacional.

    Katherine Dunham llevó las raíces afrocaribeñas al escenario y al estudio antropológico.

    Más cerca en el tiempo, figuras como Sylvie Guillem han redefinido el virtuosismo del ballet contemporáneo.

Pero junto a estas figuras conocidas, existen miles de mujeres sin nombre en los libros.
Maestras.
Transmisoras.
Madres.
Bailarinas de pueblos y barrios.

Mujeres que enseñaron pasos, cantos y ritmos para que la danza siguiera viva.

Porque si algunas cambiaron la historia de la danza, muchas otras —en silencio— la sostuvieron generación tras generación.

Y quizá ahí reside la verdadera fuerza de la danza:

en un legado que no siempre se escribe,
pero siempre se baila.

"La danza no nació en los teatros ni en los libros. Nació en los patios, en las cocinas, en las plazas donde alguien marcó un ritmo y otra persona respondió con un paso. Allí estuvieron ellas, sosteniendo la memoria del movimiento, guardando en el cuerpo lo que el tiempo y los poderes de turno querían borrar. Y así, generación tras generación, mientras el mundo cambiaba, las mujeres siguieron haciendo lo mismo que siempre: mantener vivo el latido invisible de la danza."
aitor

sábado, 7 de marzo de 2026

Esculpir el aire: el dantzari y el vacío.

 

Hay esculturas que pesan toneladas y, sin embargo, su verdadera materia es el vacío. Así lo entendió Jorge Oteiza cuando buscó liberar el espacio de la piedra para que el silencio habitara en él.
Algo parecido ocurre en la danza.

El dantzari no solo se mueve: abre el espacio, lo mide con el salto, lo traza con el giro, lo sostiene en el instante suspendido entre dos pasos. Allí donde el cuerpo parece desaparecer, el aire queda marcado.

Quizá por eso cada danza deja una arquitectura invisible:

"Una escultura hecha de tiempo, de aire y de presencia."

​La escultura vacía y el dantzari

Para Jorge Oteiza, la escultura no debía llenar el espacio, sino liberarlo. El escultor quitaba materia para que apareciera el vacío activo.

En la danza ocurre algo parecido.

El dantzari no ocupa simplemente el espacio:
lo abre, lo marca, lo ordena con su movimiento.

​Buscando un paralelismo entre la escultura de Oteiza y al Dantza del Dantzari, podemos decir:

    -El escultor vacia el volumen, como lo vacia el dantzari con sus saltos y giros.

    -Si la materia delimita el vacio, el espacio del movimiento es delimitado por el cuerpo.

    -Se crean espacios espirituales con cada escultura y la danza crea espacios comunitarios y rituales.

    -Toma protagonismo el vacio, y ese aire entre cada movimiento/paso es protagonista.
Buzeando con la imagen poetica que nos ofrece Oteiza:

Oteiza esculpe el vacío con hierro o piedra.
El dantzari lo esculpe con el cuerpo.


La escultura queda fija. La danza aparece y desaparece, como una escultura momentánea en el aire.

Idea  oteiziana

En algunas danzas vascas —saltos, pausas, giros— (y no vascas tambien) el momento más intenso no siempre es el movimiento, sino el instante de suspensión.
Ese instante de aire es, en cierto modo,
la escultura invisible del dantzari.

Danza y escultura

Entre la piedra y el cuerpo existe una misma pregunta:
¿cómo habitar el espacio?

Jorge Oteiza  nos respondió vaciando la materia.
El dantzari responde-mos moviendo el aire.

Uno quita volumen para que aparezca el vacío. El otro traza con sus pasos una arquitectura invisible.

Si....
La escultura fija el espacio.
La danza lo despierta.

En ambas, la forma o resultado no es el final:
es la singladura hacia un lugar interior.

Cuando el dantzari salta, el aire queda marcado.
Cuando la escultura se abre, el silencio aparece y nos pregunta.

Allí, en ese vacío activo, pensante
se encuentran el hierro de la escultura
y el cuerpo que danza.



El vacio en Danza

El dantzari no ocupa el espacio.
Lo revela.

Salta
y el aire queda.

Gira
y el círculo aparece.

El cuerpo pasa,
pero el vacío permanece
como una escultura invisible.

Hierro, piedra en quietud,
cuerpo en vuelo.

Dos maneras
de decir lo mismo:

que el espacio
también
puede
danzar. 
-

El escultor libera el espacio de la piedra.
El dantzari libera el espacio del aire.
AITOR

viernes, 6 de marzo de 2026

ANTROPOLOGIA/DANZA

 

La sociedad nos ha reprimido a los chicos el impulso interior que tenemos hacia la danza”

No son comparables el poder que tiene el deporte en la sociedad occidental y el que tiene la danza, ni tampoco los valores que transmiten. El antropólogo Oier Araolaza reivindica la función social de la danza, pues la considera clave para el desarrollo tanto de las comunidades como de las personas. Entre otras cosas, aumenta la plasticidad neuronal en el cerebro de los jóvenes.

¿Qué valores transmite la danza en comparación con el deporte?

La danza transmite valores de cooperación y diversidad; por tanto, cumple funciones muy importantes en la sociedad. Por supuesto, en la danza también ha existido una tradición muy tóxica. Una tradición que ha creado un modelo muy rígido y muy estereotipado. También ha sucedido en la música. Tanto la música como la danza clásicas han provocado enormes daños y malestares en muchas generaciones. Esto se debe a que tienen una forma muy estrecha de entender la música y la danza y, además, los modos de transmisión han sido muy inadecuados. Incluso hoy en día. Y eso ha tenido consecuencias perjudiciales comparables a las del deporte.

De hecho, en Occidente está imponiéndose una visión según la cual la danza se entiende únicamente como una expresión artística. Se le atribuye una función estética. A menudo, la función poética es el único espacio que se le reconoce.

Pero si salimos de ese Occidente en el que vivimos, vemos que el resto de la humanidad baila sin pretensión artística. Se baila para comunicarse, para compartir y porque es una forma natural de vivir. También para realizar rituales. Los rituales tienen una gran importancia en la cohesión de las sociedades y de las comunidades. En casi toda la historia de la civilización y en casi todas las culturas del mundo, la función artística no ha sido la función principal de la danza.

Los seres humanos tenemos una capacidad innata para bailar, porque estamos programados para ello, igual que lo estamos para hablar. Es más, bailamos antes de desarrollar la capacidad verbal. Los niños ponen en marcha esa capacidad desde muy pequeños. Ocurre algo parecido a lo que sucede con el lenguaje verbal: al principio el niño produce sonidos simples y desestructurados que reproduce por intuición o imitación, pero que todavía no forman un sistema de códigos claro. En la danza sucede lo mismo: los movimientos se van estructurando poco a poco.

Pero hay gente que cree que no tiene capacidad para bailar.

Sí, la sociedad nos ha reprimido ese impulso interior natural hacia la danza. Está claro. Cada vez estamos más mutilados. Es un impulso que nos ha sido reprimido. Y en el caso de los chicos, la mutilación es doble: desde muy pequeños se nos corta uno de nuestros canales básicos de expresión y, además, eso nos ayuda a convertirnos en “hombres”. Bailar nos aleja de ese modelo de masculinidad. Dar la vuelta a esa mutilación no es fácil. A partir de cierta edad es casi imposible.

En nuestra sociedad, los chicos bailan solo hasta los tres o cuatro años. A esa edad ya se dan cuenta de que los chicos hacen deporte, no danza, y dejan de bailar. Antes se daban cuenta a los cuatro o cinco años; ahora ocurre a los tres o cuatro. Incluso quienes sienten una gran pasión por la danza terminan abandonándola. Se dan cuenta: “¡Eh! Yo soy chico. ¿Qué hacen los chicos mayores? Fútbol. ¿Qué hacen las chicas? Danza”. Lo que está en juego es la identidad de género.

Lo peor es que muchas veces quien sufre esa mutilación ni siquiera es consciente de ello. ¿Qué consecuencias tiene cortar ese canal de expresión?

Supone perder una herramienta que nos hace mucho bien como personas. Sobre todo causa daño durante las fases de desarrollo. En los últimos años se está investigando mucho desde la neurociencia sobre la importancia de la danza en el desarrollo del cerebro y de la inteligencia. Bailar exige utilizar muchas conexiones entre neuronas y fortalece enormemente la plasticidad del cerebro.

Bailar influye en el desarrollo de los jóvenes: fortalece enormemente la plasticidad del cerebro”.

¿Bailar aumenta la plasticidad neuronal?

Sí. Los neurocientíficos están investigando la danza y han observado que bailar exige que el cerebro esté constantemente “tomando fotografías”: cada parte del cuerpo necesita una posición concreta en el espacio y en el tiempo, y el cerebro une todo eso mediante imágenes. Como si fuera una película, va creando toda la secuencia fotograma a fotograma en la mente, conectada con el cuerpo. Eso exige desarrollar una gran plasticidad cerebral.

En cierta medida, el deporte también exige ese ejercicio al cerebro. Pero hay una diferencia: en el deporte el objetivo suele ser moverse lo más rápido posible o lanzar con la mayor fuerza posible. Por ello se buscan siempre los movimientos más eficaces y, como consecuencia, el abanico de movimientos es muy reducido. En la danza no existe un movimiento perfecto: la expresión del cuerpo puede requerir un movimiento distinto en cada momento.

Ha mencionado la aportación que hace a la persona, pero ¿qué aporta la danza a la sociedad?

Uno de los aspectos más interesantes de la danza es cómo estructura el grupo y qué capacidad tiene para cohesionarlo. Bailar es una actividad profundamente emocional. Y compartir una experiencia emocional nos une. Sucede lo mismo con la música: cuando escuchamos una música que nos gusta nos emocionamos, y cuando la escuchamos en grupo, aún más. Toda esa emoción se encarna a través de la danza.

La danza es una actividad muy emocional y tiene una gran capacidad para cohesionar al grupo”.

Por eso, bailar juntos une muchísimo al grupo. Los psicólogos evolutivos dicen que esa capacidad de cohesión es la razón por la que la danza se ha practicado en todas las sociedades y en todas las épocas. Una comunidad que baila junta está mucho más cohesionada que una que no lo hace.

En el contexto actual, la danza puede ser una herramienta muy valiosa. Cuando bailamos juntos, incluso los latidos de nuestros corazones se sincronizan. No es una metáfora: es una realidad. Ocurre lo mismo que cuando cantamos juntos. Compartir esa experiencia emocional nos une de una forma muy poderosa. Por eso la danza tiene grandes beneficios para la mente, para el cuerpo y también para el grupo.

Una comunidad que baila junta está mucho más cohesionada que una que no baila”.

He oído decir a muchas mujeres: “La danza me salvó la vida”. La fisioterapeuta Maialen Araolaza investigó la capacidad de la danza tradicional para frenar el deterioro físico en personas mayores, especialmente en el caso de las mujeres, que son quienes se encuentran en situación más vulnerable. Para ellas bailar es un placer. No es lo mismo que realizar movimientos mecánicos y repetitivos. Como ejercicio físico tiene enormes beneficios, pero también les aporta alegría de vivir.

Sin embargo, para conectar con el placer en la danza conviene empezar desde joven. No bailar durante la infancia y la adolescencia dificulta después desarrollar esas capacidades, y no saber bailar nos aleja de esa actividad. Hemos creado una generación que ha renunciado a la danza debido al predominio del deporte, y en el futuro sufriremos las consecuencias.

Hemos creado una generación que ha renunciado a la danza por el predominio del deporte, y en el futuro pagaremos las consecuencias”.

ZURRUNBILLOA.EUS

jueves, 5 de marzo de 2026

Xiberutikan Mendebaldera

 

“Xiberutikan Mendebaldera”, 24.KORRIKAren Kanta








(ZETAK, Maixux Zugarramurdi, Erramun Martikorena)



Herensugeren itzala Santa-Grazitikan Zarrakaztelura
Eta Errigoraren auzolan eredua Eskutik eskura
Hori ere bagara

Sorgin baten azken kanta Itoizko kaleetan
Zer gara euskara bera ez bagara Maixux eta Erramunen herrian

Maitasun eskutitz baten bide luzea Xiberutikan mendebaldera Junkeraren fandango berri bat bezala Bidaia berri baten bila

Ko! rri! ka!
Arranoaren hegaldia lumadi berriaz Ko! rri! ka!
Irrintzi zahar bat aho gaztetan Gailur berrietan

Basurdearen aztarna gara Elorretatikan Agurainaldera
Larruz eraikitako milaka etxola Dajlatik Gazara
Hor da gure gogoa

Ezkerraldeko AEK Saretuz lurra
Artzai gazte bat kontu zaharretan Bariñako Bidane Baskaran

Maitasun eskutitz baten bide luzea Xiberutikan mendebaldera Junkeraren fandango berri bat bezala Bidaia berri baten bila
Ko! rri! ka!
Arranoaren hegaldia lumadi berriaz Ko! rri! ka!
Irrintzi zahar bat aho gaztetan Gailur berrietan

Lauburu bat gâteau batean baino Euskara gara
Ilargirik gabe mareak gora Nola bestela?
Nola bestela?

Maitasun eskutitz baten bide luzea Xiberutikan mendebaldera Junkeraren fandango berri bat bezala Bidaia berri baten bila
Ko! rri! ka!
Arranoaren hegaldia lumadi berriaz Ko! rri! ka!
Irrintzi zahar bat aho gaztetan









Xiberutikan Mendebaldera

(ZETAK, Maixux Zugarramurdi, Erramun Martikorena)



La sombra de Herensuge Desde Santa Engracia
A Carcastillo

El ejemplo de auzolan de Errigora De mano en mano
También somos eso

El último canto de una bruja En las calles de Itoiz

Qué somos si no es el mismo euskera En el pueblo de Maixux y Erramun

El largo camino de una carta de amor De Zuberoa al oeste
Como un nuevo fandango de Junkera En busca de un nuevo viaje

Ko! rri! ka!
El vuelo del águila con nuevo plumaje Ko! rri! ka!
Un viejo irrintzi en bocas jóvenes En nuevas cumbres

Somos la huella del jabalí Desde Elorreta
Hacia Salvatierra

Miles de cabañas de cuero Desde Dajla hasta Gaza Ahí está nuestra voluntad

AEK de la Margen Izquierda Tejiendo la tierra

Una joven pastora en asuntos antiguos Bidane Baskaran de Bariña

El largo camino de una carta de amor De Zuberoa al Oeste
Como un nuevo fandango de Junkera En busca de un nuevo viaje

Ko! rri! ka!
El vuelo del águila con nuevo plumaje Ko! rri! ka!
Un viejo irrintzi en bocas jóvenes En nuevas cumbres

Más que un lauburu en un gâteau
Somos Euskera

Marea alta sin luna
¿De qué manera?
¿De qué manera?

El largo camino de una carta de amor De Zuberoa al oeste
Como un nuevo fandango de Junkera En busca de un nuevo viaje

Ko! rri! ka!
El vuelo del águila con nuevo plumaje Ko! rri! ka!
Un viejo irrintzi en bocas jóvenes