jueves, 26 de diciembre de 2019

CRÓNICA

“LA SOPAPA ESTA FUERA DE LUGAR” 



Crónica Semana Nacional Vasca 2019 

Más vale tarde que nunca, una crónica que aparece como regalo de navidad, para recuperar recuerdos que están difuminado. 

Recuerdo el primer ensayo de este 2019, llegar a sala pequeña de la fábrica, donde únicamente se encontraba el monitor. Por algún que otro motivo éramos pocos ese día, en donde mediante giros y contragiros, comenzamos a pulir de a poco un “zazpi jauzi del baztan" y un “billantziko txiki”, la última sin ser elegida en esos momentos, fue la candidata para la noche de velada de la Semana Nacional Vasca. 

Se podrá decir que siempre vamos al mismo evento, pero las experiencias vividas nunca son las mismas durante la semana nacional vasca. 

Comenzamos los preparativos escasos de personal, pero eso no impediría que Ekin kultur taldea se ausentara. Moviendo influencias sobre la fecha completamos el octeto que iría a Bahía Blanca. 

Después de varias semanas vascas llegando en tandas, en esta ocasión hubo un casi quórum de viajeros, la banda del viernes y el cortado del sábado (quien escribe esta crónica). 

Mientras me encontraba en preparativos pre entrega, entre memes de bloques de AutoCAD un poco cuestionables, la banda partió el jueves, entre makilas y espadas, bouchers confirmados a último momento, preocupaciones por llegadas desfasadas de micro y partida a bahía. 

El primero en llegar fue Herni, por un pequeño desfase en el horario de micros, junto a una propuesta para esperar a la banda tomando un café con la dueña y la dantzari solitaria para matar el tiempo. 

Con la banda del viernes completa, ya encaminados hacia el centro vasco en taxis compartidos. 
Desayuno en el centro vasco para recuperar energías junto a una foto con unos bautizados, con un propósito un poco cuestionable que nos llegó por cucaracha.

Un encuentro entre aitores, del cual uno tenía su exclusiva atención en la barra, al unísono de un "PINTXO BAT". Un vermouth previo al mediodía para inaugurar de lleno una nueva semana nacional vasca. 
Luego de dar inicio legalmente a nuestro fin de semana, los ekinianos emprendieron su viaje a nuestro departamento para cuatro personas. Se dice que en donde entran cuatro entran seis, un cuatro que luego se terminó transformando en ocho, al igual que dólares bajo el colchón, debíamos esconder dos inquilinos.

El depto se transformó en nuestra sala pequeña de la fábrica, en nuestro mini espacio de ensayo, al ritmo de un tango. 

Un viaje post almuerzo hacia el shopping donde Telmo Esnal y Gari Otamendi proyectarían por última vez en Argentina la película “Dantza", un viaje donde un chófer curioso por el evento que se desarrollaba, expresó sus inquietudes sobre los vascos a quienes transportaba, no cabe agregar las reacciones de los ekenianos. 

“Dantza" es una película que ekin ya lleva grabada en la retina de sus tantas proyecciones, pero ese viernes la mayoría lo vivencio de una manera diferente, según sus autores se proyectó en la pantalla más grande de las tantas veces reproducidas, pantalla que permitió ver y percibir de otra manera, detalles, imágenes, sonidos (sin contar incluso los ronquidos), que pasaron desapercibidos en otras ocasiones. 

Dicen que no se puede estar en la misa y en la procesión, luego de re-experimentar “Dantza”, la banda se encaminó hacia un dantza plazan cuasi finalizado, algunos caminaron unos metros otros deambularon 30 cuadras para llegar. Sea cual fuese la distancia a recorrer, el evento de San Patxi estaba finalizando. Como momento a retratar entre todos sus participantes, una foto grupal, donde desde lejos se escucha un "ortivas". 

Un taxi al depto para prepararse a la primera romería donde algunos tuvieron una sensación de “deja vú" por temas tratados en viajes previos. 

Preparados con la violeta y una parada más que técnica a base de cebada para entrar en el euskaltono del viernes a la noche, donde se encontraron con drupi, ¿habrá alguna referencia a algunas personas con cara de perro? En sintonía en vestimenta, el último de los ekinianos con birra en mano a la espera de iniciar oficialmente la semana vasca. 

La primera noche de romería comenzó con algunos de sus miembros marcando territorio en el txoko, mientras una misión femenina se implementaba, solo sus miembros sabrán si su objetivo fue completado. 

Dicen que las cosas no vuelven a repetirse de la misma manera, pero como hace un año atrás repetimos pulsera verde, y no solo eso, un error en el menú correspondido para los dantzaris. 

Parece que, a diferencia de otras semanas vascas en la que tocó Patxi, la cantidad de Patxi eta konpania fans se multiplicó, según algunos presentes. 

Un jauzi al unísono que tuvo QUÓRUM, algunos presentes esa noche, describen que la pista de baile “explotó” de la cantidad de gente que se encontraba, y es posible dar fe de tal acontecimiento del contenido multimedia de vídeos y GIF enviados durante la noche. Hora y media de show, en comparación a sus sucesores que no pareciera no tener el mismo éxito. 

Varias imágenes quedaron de esa noche, el reencuentro de lo que parecería unos gemelos separados al nacer a cada lado del Atlántico. Un registro fotográfico moviendo las caderas y una imagen un poco chocante a primera vista del bajoneo de los primeros en a abandonar la romería. 

En cuanto encendieron las luces, signo de que es hora de tasa tasa, cada uno a su casa, una escapada al txoko en silencio con los primeros rayos de sol que aparecían, había que esperar a la llegada del que iba a ser designado cronista. Volvieron los gin tonics durante el cierre de la primera noche, pero sin la Queen, para hacer tiempo. 


Con el micro ya en la terminal a horario, me encaminé hacia el punto de encuentro, donde el resto de la banda estaban contando los minutos para sentar la cabeza en una almohada, aunque el panorama que me encontré parecía ser otro. 



Ya en camino al departamento, sobre calle España, dos frases quedaron grabadas, un “Viva España” y un “esos son del pro", el quien, y el por qué lo dejamos a libre interpretación, un viaje que pareció un poco eterno, si el GPS de quienes conocían nuestro destino no falló. 

Toco el momento de acomodarse para recuperar energías para el día siguiente, que tan lejos de empezarlo no estábamos, algunas risas antes de irse a dormir y un suspiro por el espacio en el que tocaba descansar, junto a otros que optaron por un cambio de ropa en lugares un poco exhibidos. 

El sol del sábado comenzaba a sentirse más y más sobre la persiana, Agus fue el despertador de quienes eran candidatos a ir a las reuniones pactadas en esa mañana, en algunos casos la resaca fue más fuerte y pegaron faltaso. 

Con cara de recién levantados emprendimos con Agus el viaje al CV. Me tocó presenciar la reunión de F.E.V.A, donde pareciera que durante el desarrollo de la misma ciertas personas se retorcían al escuchar el nombre de Ekin Kultur Taldea. 

Algunos despertares cerca del medio día, poses cual diva sobre la almohada y zombis que se encontraban despiertos físicamente. 

Reunión finalizada y un encuentro en el txoko con el monitor, vermouth en mano y un cantinero amigo designado para preparar tragos exclusivos. En las andadas hacia el almuerzo, una marquesina que gritaba “Los Vascos", y una foto que era más que inevitable. 

Estómagos llenos y vuelta al depto junto a algunas melodías y la infancia nos invadió, monólogos que se fueron reconstruyendo a lo largo del fin de semana, algunos optamos por imitar temas de Moni Argento, otros trajimos de vuelta a nuestro querido Bartolito el gallo. 

Había que prepararse, duchas de última hora y un baño en pocas condiciones, “La sopapa está fuera de lugar" se escucha en un ciber-silencio. 
Todos al unísono, pantalón azul, camisa blanca y txapela en mano, repitiendo cancionero y foto, ahora si con todo ekin completo a la espera de iniciar la kalejira, una bandera que incordió a algunos, un bar reconocido por sus degustantes del día anterior, marquesinas que según desde donde se las viera podían tener otro significado y una foto de una foto. 
BILLANTZIKO TXIKI
Empezó la velada, rompimos racha de ser casi últimos, esta vez tocaba ser uno de los primeros en bailar, pero la intensidad de los nervios era igual o mayor que en otras ocasiones, una danza “simple" pero buchona, ahí estaba la raíz de los nervios. 

“Aunitz Urtez!”, y billantziko txiki en escena, que vino tomando forma desde el primer ensayo de esta 2019, luego finalizar nuestro “Bastardín" y salir del escenario escuchando un “que vuelva el oso” y tras bambalinas responder “que devuelvan los trajes”. 

Tras dos horas de velada, de reacciones a lo que se veía, de pañuelos simbólicos y una gran ikurriña, finalizó la noche teatral. De regreso una foto cuasi espontánea en una calle que pedía a gritos una foto. Nos preparamos para la segunda noche, (primera y última para quien escribe) inaugurando la Blanca, haciendo honor a nuestro billantziko txiki recientemente estrenado. La capacidad del ascensor dio pie para que dos pongan a prueba el método de descenso más rápido desde el piso seis, un piso un poco eterno dio la ventaja a quienes bajaron por el ascensor. 

Otra vez repetimos repertorio musical camino a la segunda romería, unos Bouchers en bolsa de papel, similares a las viandas que les daban los padres a sus hijos en alguna que otra película o serie yanqui, donde encontramos, como diría brandoni, tres empanadas, nuestro bajón “el tati" y algunas que otras golosinas que atraía al público infantil que merodeaban por ahí. 

Algunas críticas, más que positivas sobre nuestra presentación, nos dejaron con una sonrisa de oreja a oreja, cabe decir que no eran palabras menores. 

Nuestro lugar favorito durante esta noche fue la carpa, lugar donde le tocó a la Konpania tocar, esta vez presencié lo que me venían anticipando los ekinianos de la noche anterior, que toque Patxi significa que va a ver multitud, y la había. Había que encontrar lugar, casi hasta pedir turno para bailar. Entre tandas de jauzis, se podían visualizar caras, un poco perdidas, ¿la dantzari solitaria no tuvo tiempo de ensayo? 

Luego de la tanda de jauzis, nos reincorporamos a las cumbias y regguetones, otros a hacer sociales y algunos a degustar en el txoko. Compartimos esa noche con caras más que conocidas, la konpania, las nutrias e incluso con amigos orientales. Entre cervezas, kalimotxos y botas, algún que otro malabar con vasos y una propina, encuestas subidas de tono cuyo objetivo era desconocido, y alguno que otro suceso que seguramente esté pasando por alto, transcurrió la noche que parecía volar. 

Esta vez, no había que esperar la llegada de ningún ekiniano, por lo que no había que hacer tiempo, cuatro quedaron hasta que finalizó la noche romeril de los cuales uno vivió la noche bahiense de otra manera. 

Una vez más, el sol nos recordaba que teníamos que recuperar energías para los bailes de plaza, ya en el depto, un descanso rápido, y un llamado para abrir la puerta. 

En la mañana un despertar repentino, un pedido de cinco minutos más para descansar que no tuvo mucho efecto, nuestro check out estaba cerca, y recordemos éramos seis, por lo que los no vistos por el dueño tenían que desaparecer, sumamos que, con previo aviso, un corte de luz programado obligó a descender por las escaleras, el que avisa no traiciona, había que pasar por la escalera eterna para llegar a planta baja. 

Bolsos en mano, espadas y makilas, nos dirigimos hacia la plaza, de blanco con faja y txapela roja. Un café mañanero para despejar resacas y un txistu que nos acompañó en un ensayo previo. 
La multitud que se iba agrupando frente a la iglesia, nos decía que comenzaban los bailes de plaza, un aurresku se llevó alguna cinta de alguna que otra alpargata, una dantzari dantza que viene tomando forma desde pasadas semanas vascas, una chacarera que ya tienen nuestro nombre como sello, un fandango, un arin arin y cerramos con kalejira. 
Txapelas al aire, una foto que va tomando peso, no solo como cierre, sino como significado para el grupo. 

Nuestros amigos orientales, nuevamente nos brindaron transporte hacia el almuerzo de cierre, acompañados por una guitarreada. Esta vez con todos los miembros uruguayos en el micro, pero “chófer, es para el otro lado". 
Última comida, y ¿cuál es nuestra mesa?, por un momento pensamos que la dueña se había adjudicado el nombre hasta que se escuchó un “pobre los de Tandil”, en realidad se habían olvidado de nosotros, entre disputas con los anfitriones conseguimos mesa en un lugar privilegiado. 

Avanzaba el almuerzo y más sentíamos ese sabor a la vuelta de un lunes que se encontraba no muy lejos, algunos con tuvieron las buenas noticias de que no tenían que ir a trabajar. Un postre que se hacía rogar y una espera al aire libre. 

Empezó el cancionero vasco y las primeras delegaciones se encaminaban de regreso a su lugar de origen. Nuestros boletos de vuelta nos posibilitaron estar un rato más y entre un txistu tocando al compás de una chacarera, dio el pie para volver a bailar, “¡Aitor, pedile a Patxi ese que vamos agarrados de las manos", todos a bailar “100 alargunen dantza” (uno de esos temas que me atrapó, no cuando lo escuche por primera vez, si no que cuando lo baile por primera vez). 

Ya era hora de dejar la sociedad rural, y aún nuestros transportes no partían a la gran ciudad, mediante unos contactos nos ofrecieron abrir la euskal etxea para hacer tiempo. Nos repartimos en dos vehículos, cada uno con su tema de conversación, uno con una encuesta de opinión sobre su desempeño como anfitriones semano-vasquistas, en el otro hubo reclamos de personas que se quedaron hasta altas horas en el txoko o de quejas por mesas sin nombre, nosotros sabíamos exactamente de quienes eran, ¿el reabrir el centro vasco sumó alguna queja más? 

Una recarga más que necesaria, celulares y computadoras conectadas, pero nosotros también recargamos energías a base de cebada, un Boucher correspondido del viernes y más jauzis para finalmente despedirnos. Los del tren fuimos los primeros, junto al primer micro en el que viajaría Agus, mientras que el monitor y el oso esperaban su viaje. 

Como habitaciones designadas en la pasada semana vasca con habitaciones hoteleras, tuvimos vagones designados, 402, 403, 501 y 503, un viaje separados junto a referencias clasistas a la película Titanic y un punto de encuentro en el salón comedor, donde, junto a un pastel de papa y una cuenta que no cerraba entre el cronista y el abuelo, se nos pasó la hora hablando de lo que vivimos en ese fin de semana. 

Un descubrimiento de oro en la bolsa del enano al llegar a retiro. Obviamente el botín fue repartido entre los viajeros, junto a un encuentro en el andén para despedirnos. 

Ya en el 57, de regreso a zona oeste, junto a la sensación volver a la rutina, aparecían nuevamente esas imágenes, que, como el botín, nos dejaba un gusto dulce, imágenes de los bailes, de los tragos, de las risas, de los nervios, del compartir, de la sencillez, del compañerismo, de un grupo, de momentos, de EKIN siendo EKIN. 
Por más momentos así, por más momentos únicos, por más sopapas fuera de lugar. 


Aunitz Urtez! Ekin Kultur Taldea. 

Ezkerrik asko denori 

Federico

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