domingo, 15 de febrero de 2015

El Mito en la Escuela



Mitología y valores. ¿Cómo utilizar el mito en el contexto educativo?

La pregunta de cómo surgen, cómo se perpetúan y transforman los mitos a lo largo de generaciones es una de las que más quebraderos de cabeza ha ocasionado a historiadores, antropólogos, sociólogos y demás especialistas en la materia. Aunque todos ellos han aportado su granito de arena al tema, ninguno ha conseguido dar con la clave. ¿Por qué surgen los mitos? ¿Por qué las sociedades articulan su visión del mundo en torno a una serie de relatos que explican la realidad que les rodea? La explicación tradicional sitúa el pensamiento mítico en la fase más primitiva del desarrollo de la Humanidad, antes de que se diera paso al raciocinio y al uso del logos, de la lógica, para explicar la realidad. No hay duda de que el mito está enraizado en lo más profundo de nuestro ser; sin embargo, aunque hayamos dado en apariencia el salto hacia el logos de forma plena, los mitos siguen vivos en nuestra sociedad del siglo XXI. ¿Por qué nos siguen fascinando los relatos míticos? ¿Por qué, si sabemos que el Sol es una estrella alrededor de la cual gira el planeta Tierra seguimos leyendo con pasión el mito de Faetón y su carro celeste? ¿Por qué sigue fascinando la idea de que la sucesión de las estaciones se debe al rapto de Perséfone y al pacto que obliga a ésta a permanecer medio año junto a su esposo en el Hades y medio año junto a su madre en la superficie? 


Los mitos han conservado su fuerza prácticamente intacta después de casi tres milenios de vida. El poder sugerente de los mitos lo entendieron muy bien los eruditos medievales, que aunque ya no creían en aquellos dioses paganos tan llamativos, siguieron utilizando sus historias para enseñar lecciones morales a los creyentes. El mito podía ser una gigantesca mentira, pero eso no invalidaba su mensaje. ¿Podemos utilizar este mensaje en el ámbito educativo del siglo XXI?

Hay muchas razones por las que la mitología clásica debería estar presente de forma constante en un buen plan de estudios, desde la más tierna infancia hasta el bachillerato. Dejaremos de lado cuestiones cruciales como que sin conocer la mitología clásica es imposible entender la Historia del Arte o la Literatura de cualquier época. Dejaremos de lado el hecho de que nuestras ciudades sigan plagadas de símbolos mitológicos que pasan desapercibidos a los ojos de los no iniciados. Centrémonos sólo en cómo los mitos pueden contribuir a una educación en valores. En un momento en el que la asignatura de Educación para la Ciudadanía está a punto de ser suprimida por la enésima reforma ministerial, en un momento en el que la Filosofía y la Ética quedan relegadas a un papel de simple adorno testimonial, la mitología puede tratar de cubrir el vacío que dejan estas materias. La mitología clásica ha sido durante siglos, incluso milenios, el vehículo para transmitir los mejores valores de la sociedad occidental. Lo hicieron los propios griegos y romanos, lo hicieron los eruditos medievales y lo hicieron los maestros de la Ilustración. Sería de locos ignorar esta larga tradición que tantos éxitos ha cosechado. Una enseñanza puede transmitirse de manera abstracta, pero desde luego prende de forma mucho más profunda y duradera si se la dota de un contexto atractivo. Ese es el papel que puede cumplir la mitología. Veámos algunos ejemplos.


Aunque algunos grupos ultraconservadores se resistan a ello, uno de los principales campos de trabajo de los planes de acción tutorial es el de la educación en el respeto a la variedad afectiva y sexual. Todavía hoy, por desgracia, presenciamos casos de homofobia, transfobia y acoso entre jóvenes que podrían solucionarse potenciando la educación en el respeto a la diversidad frente a la heterosexualidad como norma impuesta. El mundo antiguo nos ofrece una gran cantidad de ejemplos positivos de personajes homosexuales y bisexuales que pueden ser ofrecidos para que los alumnos entiendan la variedad como la tónica habitual. Nuestra visión del mundo suele asociar al homosexual con debilidad y afeminamiento. ¿Y si el alumno supiera que el poderoso Hércules tuvo amantes de su mismo sexo? ¿Qué decir de la relación entre Aquiles y Patroclo? ¿Y Apolo y el joven Jacinto? Con estos ejemplos, el mito permite al niño o al adolescente entender que a lo largo de la Historia han sido muchas las maneras de entender la realidad del amor y el sexo, y sacar como conclusión que la tolerancia es el único camino posible.


¿Qué mejor manera de combatir el machismo en las aulas que estudiando casos de mujeres fuertes que vivieron en pie de igualdad con los hombres? Pese a que la sociedad griega y latina fue esencialmente machista, no es difícil encontrar en la mitología ejemplos de estas mujeres que no se dejaron someter jamás por varón alguno. Basta pensar en las diosas Atenea o Artemisa como casos de féminas poderosas que nunca cedieron ante hombre alguno en fuerza o destreza en sus campos. 


¿Queremos enseñar el valor de no juzgar a los demás por su apariencia? Ahí tenemos el magnífico pasaje de Ovidio sobre Filemón y Baucis y la manera en la que agasajaron a los dioses Júpiter y Mercurio disfrazados de mendigos. ¿El valor de la inteligencia frente a la fuerza bruta?


 Homero nos da la respuesta en sus versos sobre Odiseo frente al cíclope Polifemo.
Con total seguridad, podríamos encontrar un mito adecuado a cada enseñanza que quisiéramos transmitir a nuestros alumnos. No en vano, estamos hablando de un patrimonio cultural que se forjó a lo largo de varios milenios y que las civilizaciones posteriores han ido enriqueciendo hasta llegar a nuestros días.


¿Cuál es el contexto en el que podríamos utilizar estos mitos? ¿Sólo la asignatura de Cultura Clásica o el tan maltratado Latín? Sería un craso error hacerlo así. El uso de la mitología como transmisora de valores puede tener cabida desde las amplias asignaturas de cualquier ciclo de primaria como, desde un punto de vista más maduro, en las asignaturas de Lengua o Ciencias Sociales de secundaria. ¿Por qué no utilizar los mitos también en las horas de tutoría para abordar dinámicas y reflexiones con los alumnos? Lo mitología no tienen límites, ni los tiene el aprovechamiento que los estudiantes puede hacer de ella. 


No hay más remedio que tocar, por último, la gran limitación que pueden encontrar los docentes a la hora de poner en práctica este uso de la mitología como transmisora de valores. Una limitación que no es otra que las carencias en formación clásica que los docentes en primaria y la mayoría de los especialistas en secundaria suelen presentar. Poco espacio hay para la literatura y la mitología clásica en los programas de formación de maestros de primaria y profesores de secundaria. Hacer un sondeo entre el actual cuerpo de docentes para averiguar cuántos de ellos conocen los mitos de Apolo y Dafne, Narciso o Aracne, por citar sólo algunos de los más conocidos, ofrecería un resultado tan vergonzoso que sonrojaría a cualquier político mínimamente responsable. Con estas carencias como punto de partida, resulta muy difícil abordar un cambio que no pase por modificar la formación de los docentes en materias clásicas. Hace cien años que un profesor desconociera las Metamorfosis de Ovidio resultaba impensable. Hoy, por desgracia, es la norma habitual.


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