sábado, 24 de junio de 2017

MITOS VASCOS-XI

MITOS VASCOS

PARA PENSAR
 
 
 

LOS PALABRAS CON GÉNERO EN EUSKARA Y LA TRADICIÓN ORAL

 ¿Qué hace un artículo de opinión en un libro sobre mitología? Seguramente lo que pretende quien lo escribe, y nada más. Como justificación se puede decir que la lengua, como la mitología, está hecha también de símbolos y que etnólogos muy ilustres, como Lévi-Strauss, han comparado los dos tipos de sistemas.


Pero es sólo un pretexto. En realidad se trata de apelar a la tradición para que venga a reforzar posiciones propias respecto a algunos usos sexistas bastante extendidos en el euskara contemporáneo, y sobre todo buscar alternativas lingüísticamente correctas. Espero que quienes lo lean me perdonarán este capítulo-polizonte, y yo haré todo lo posible para ser honrada en las alegaciones y no disimular las motivaciones, cosa que por otra parte no conseguiría.

Si los símbolos en vigor en los que estamos sumergidos pueden influenciar nuestra manera de pensar, cuanto más la lengua que es vehículo y, en cierta medida, molde del pensamiento. Si se admite que el sexismo de la lengua no es ninguna tontería, tanta más importancia se dará al que se esconde tras las denominaciones de género y la distribución que conlleva. Hay quien opina que las prácticas y costumbres sociales tienen mucha más importancia que la lengua, pero ese debate es como el del huevo y la gallina, quién está primero. Los dos se influencian mutuamente y para cambiar la totalidad habrá que actuar sobre ambos. No quiero con esto decir que la lengua forme la realidad, sino que la refleja y la alimenta.

Se dice que el euskara no tiene género gramatical; pero sí tiene nombres diferentes para muchos seres vivos de la misma especie y de sexo diferente, como son las personas y los animales domésticos, cuando el sexo de éstos tiene importancia económica. Por eso tenemos «oilo» y «oilar» (gallina y gallo), «behi» y «zezen» (vaca y toro), «erle» y «mando-erle» (abeja y zángano). En euskara los nombres de la gallina y de la abeja son la base del nombre compuesto de los machos de la especie. Pero, que se sepa, a ellos no les importa.

A las personas sí puede importarles. En el euskara corriente actual, el nombre del hombre ('gizon' o 'giza') se ha impuesto para denominar a cualquier individuo de la especie, hombre o mujer. Todos sabemos cuáles son las razones, más socio-políticas que económicas. Pues bien, la tradición nos muestra que no ha sido siempre así. Y como las buenas tradiciones son de conservar, vamos a darles un repaso.

Parece que es bastante reciente la proliferación de la raíz 'giza' con el significado de «humano» o «social»; la Iglesia empleaba la palabra 'gizon' (hombre) refiriéndose a todas las personas, y se puede pensar que lo hizo por mimetismo con los textos sagrados; el Credo dice: «Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de caelis. (...) Et homo factus est». El principio del Evangelio de Juan, uno de los fragmentos más conocidos por las virtudes mágicas que se le atribuyen, es: «In ipso vita erat, et vita erat lux hominum. (...) Erat lux vera quae illuminat omnem hominem». Un tercer ejemplo muy conocido es: «Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus».

Ese 'homo' latino, por muy neutro que fuese, fue traducido en euskara por 'gizon', que es masculino; y así se sigue cantando «Lurrean bakea gizonei» (en la Tierra paz a los hombres).

En la tradición popular, por el contrario, tenían muy poca entrada esas traducciones y no se empleaba 'gizon' ni ‘giza’ con significado neutro. Es importante saberlo, para que no nos hagan creer que es la lengua, el euskara, la que nos obliga a usarlos porque no existe otra alternativa lingüística. El hecho de que los colectivos científicos y políticos, aceptando las categorías de la religión cristiana, hayan optado por la misma terminología sexista no es razón para que sigamos su ejemplo, menos aún sabiendo qué espíritu les ha inspirado.

La terminología que hoy en día han adoptado la mayoría de los vasco-parlantes está basada sobre todo en dos afirmaciones:

1) 'Gizon' y 'giza' no son ni denotan lo mismo, el primero es masculino y el segundo neutro.

2) Aun en el caso en que 'gizon' y 'giza' tuvieran en origen el mismo significado, ello no supone ningún problema, porque en el uso que se les da ahora están intencionalmente diferenciados, de manera que el sexismo queda excluido.

Más adelante se hablará de la primera afirmación, al tratar los usos, mecanismos y tradiciones lingüísticas. Ahora vamos a ver si el empleo de 'giza' supone sexismo.

I. QUÉ HAY DETRÁS DE LAS PALABRAS

Un argumento habitual es que, siendo los símbolos por naturaleza polisémicos, no hay que dar demasiada importancia al primer y más frecuente significado de una palabra. O sea que, aunque el significado de 'giza' sea idéntico que el de 'gizon' (hombre), sería suficiente decretar que denota 'hombres y mujeres' para que ese sea su significado en los casos en que queremos dárselo.

Es un razonamiento bastante ingenuo. Porque cuando el significado de una palabra está fijado previamente, ya no es arbitrario y, aunque queramos darle después un sentido amplio, siempre será más fuerte su sentido propio; sobre todo si tiene un referente preciso y dominante, como es el caso de 'gizon', donde la denotación sexual es evidente.

Si la condición para acceder a ser persona es ser 'giza', parece claro que son los 'gizon' quienes pertenecen a esa categoría de persona por derecho propio; puede concedérseles ese derecho a las mujeres, pero tendrán que acceder por la puerta pequeña, ya que ellas son ‘emazte’ o ‘emakume’ y lo de ‘giza’ lo llevan de prestado. No se armaría poco revuelo por aquí si sabios estadounidenses decidieran que en adelante para designar a la persona humana la raíz más adecuada es 'yanke-', y que nadie piense que 'yanke' es lo mismo que 'yankee’, porque el signo lingüístico es arbitrario y no hay más que ponerse de acuerdo en llamar al «Homo sapiens sapiens» «Yanke sapiens sapiens» para evitar discriminaciones.

Otro test interesante para los que sostienen que el término elegido no tiene importancia, seria proponer la raíz 'ema-' (de mujer) en vez de 'giza-' y utilizar la palabra 'emarte' donde ahora se usa 'gizarte'. ¿Seguro que no le chocaría a nadie?

Hablando de estas cosas con un parlamentario vasco progresista, argumentaba él que estamos condenados a utilizar 'giza' porque no hay otra posibilidad. En realidad sí la hay, de hecho existe la palabra 'jende', que ha sido y es utilizada en Iparralde. Pero nuestro prócer insistía en que 'jende' quiere decir ‘gente’, conjunto de personas, y que no vale para designar a un ser individual - cosa que no es cierta. Y todavía más grave, añadía que tampoco 'pertsona' es término adecuado porque en latín significa ‘máscara de teatro’, todo muecas, y podríamos ofender al prójimo si le llamamos «máscara» y piensa que estamos tratándole de kakarro de carnaval… Claro, hay que tener cuidado con la polisemia de las palabras - aunque sólo hayan sido polisémicas en la antigüedad clásica.

Que aquí y ahora 'giza' sea palabra polisémica no la parecía inconveniente a nuestro hombre para que sea adecuado su uso masivo con la significación de ‘persona’. Y tampoco tendría problema llamarle a un hombre 'homo', porque la mayoría no sabrá que es palabra muy cercana a 'humus' – un montón de compost.

Precisamente un 25 de noviembre, día internacional contra la violencia hacia las mujeres, ocurrió en 1999 la violación y asesinato de Virginia Acebes. En la prensa fueron numerosas las denuncias de las agresiones sexistas y las declaraciones afirmando que para poder erradicarla es necesaria la igualdad. Porque los agresores no atacan a quien consideran igual, sino a quien creen inferior, y los crímenes sexuales no son sino el aspecto más bárbaro de la opresión ejercida contra las mujeres en todos los ámbitos sociales. Violencia que no se sostendría sin la base de una discriminación general.

Pues bien, hay maneras de hablar que colaboran con la dominación masculina, cuando dan a entender que no podemos ser del todo personas, puesto que no somos del todo 'giza'. Es un mensaje subliminal, pero no por eso menos real ni menos eficaz, tanto más cuanto que va en el mismo sentido que la mayoría de las prácticas sociales: cuando existe correlación entre el sexismo lingüístico y el social, ambos se reflejan y se refuerzan mutuamente, cada uno es un apoyo para el otro. El sexismo en los símbolos lingüísticos no tendría tanta importancia si la historia no nos hubiera legado un patrimonio ideológico y cultural misógino. Claro que tal situación sería imposible por contradictoria.

Además de las prácticas sociales, muchos filósofos, ideólogos y predicadores nos han amonestado machaconamente intentando demostrar que las mujeres son algo que se sitúa entre los hombres y las bestias, no tan humanos como los primeros ni tan animales como los segundos (Delumeau 1978: 312-320). Y hay hombres que actúan en consecuencia cuando las consideran como objetos de su propiedad.

II. LA OREJA DE 'GIZA'

Dicen que de todas formas 'gizon' y 'giza' son tan diferentes que nadie, salvo los filólogos, puede ver identidad entre ellas, de la misma manera que no se vislumbra 'hombre' en 'humano'.

Es posible que sea así para algunos, pero seguramente no para la mayoría de los vasco-parlantes: si en 'astabelarri' (oreja de burro) se nota claramente que hay 'asto' (burro) y en ‘itsasargi’ (faro) que hay 'itsas’ (mar) ¿por qué no íbamos a darnos cuenta de que en 'gizarte' (sociedad) hay 'gizon' (hombre) con todos sus atributos? Cualquier vasco-parlante puede identificar la raíz de las palabras derivadas o compuestas porque el procedimiento para construirlas no está fosilizado y sigue funcionando.

Es una regla general a la que no escapa 'giza', como lo prueba el hecho de que quienes la emplean sientan a veces la necesidad de precisar que su significado abarca también a las mujeres. Ya hace bastante tiempo, en una cadena humana de apoyo a AEK organizada en Donibane Lohitzune, el hombre que desde el micrófono daba las indicaciones nos dijo: «Vamos a formar una 'giza-kate' (cadena “humana”); por supuesto, también compuesta de mujeres». Es evidente que si hubiera dicho 'jende-kate' (cadena de personas), no hubiera tenido necesidad de precisiones suplementarias.

Da la impresión de que en el empeño por demostrar que 'giza' es neutro hay algo de hipocresía. Antaño se decía 'kristau' (cristiano) para significar 'persona'. Como es una terminología discriminatoria para con los no cristianos, hoy en día ha quedado en desuso. Si discriminar a causa de la religión está mal visto, discriminar a las mujeres por sexismo es al parecer aceptable y natural, sin que importe que ello esté relacionado con parámetros impuestos por la religión cristiana.

Y en eso están la mayoría de nuestros diccionarios recientes cuando le dan a 'giza' un significado neutro, diferenciándolo de 'gizon', que reconocen como masculino. Los autores de diccionarios clásicos también están influenciados por la cultura escolar y por los usos del latín o del romance; pero tienen más en cuenta los usos populares, y avalan así el término 'jende' en su acepción de 'persona' - como sinónimo de ese 'gizon' que, por lo demás, ellos siguen considerando idóneo para significar persona humana.

Y es que, en la tradición popular, 'giza' y 'gizon' han sido exactamente lo mismo. En el Diccionario General de la Academia (Euskaltzaindiaren Orotariko hiztegia) vemos que hasta el siglo XX en la mayoría de las palabras compuestas el término utilizado es 'gizon' y que son los escritores modernos de Hegoalde quienes emplean 'giza'. Pero con la particularidad de que en muchos de esos términos 'giza' tiende claramente a tener un significado masculino, por ejemplo en 'gizagaldu' (libertino), ‘gizagazte' (hombre joven), 'gizaerdi' (medio hombre), 'gizakume' (individuo de género masculino), 'gizakote' eta 'gizapuska' (hombrachón), 'giza-jantzi' (ropa de hombre). Más aun, en varios ejemplos 'giza' es absoluta y exclusivamente masculino, como es el caso de: «Nere giza» (mi marido); «Zeren gizak kasik bethi baidohaz etxera ostatuetarik tripa ontsa bethea» (Los hombres casi siempre se van de la taberna a casa con la tripa bien llena); «Gizaki eta andraki guztiak» (todos los hombres y mujeres).

Hoy en día tampoco se pone en duda el significado indiscutiblemente masculino de ‘giza’ en términos como:

- 'Gizajo': pobre hombre (pero no pobre mujer).

- 'Gizakunde': en algunos pueblos de Navarra, día dedicado a los hombres en el periodo de Carnaval. Junto a él está 'Emakunde' (día de las mujeres) y 'Orokunde' (día de todos) (Azkue 1959: 54; Caro Baroja 1965: 383).

Está claro que 'giza' es sinónimo de 'gizon' y que 'Gizakunde' es el antónimo de 'Emakunde'. Y no se sabe por qué milagro 'Gizakunde' se habría convertido súbitamente en un 'Orokunde', donde caben todos y todas. Emakunde es el nombre de que se ha dotado el «Instituto vasco de la mujer» en la Comunidad Autónoma; y precisamente esa institución, que no puede ignorar la existencia de 'Gizakunde', tiene el valor de sostener que 'giza' es neutro y de proponer su empleo como la mejor medida contra el lenguaje sexista. Que Euskaltzaindia (La Academia de la lengua) apoye esa terminología es cosa que se entiende, vista su sex ratio; pero que lo haga un grupo de defensa de las mujeres suena a broma de mal gusto.

Alguien decía de buena fe que seguiría usando 'giza' en la idea de que es una variante de 'iza' (raíz del verbo ‘ser’ o ‘existir’). Pero eso no nos cambia nada. La etimología puede indicarnos de donde viene 'gizon', pero no puede cambiar el referente que ahora tiene; y si los machos de la especie han monopolizado el ‘ser’, las mujeres ya no tienen cabida en ese nombre.

Los que siguen llamando 'gizon' a la persona - y son todavía unos cuantos - no hacen nada por disimular el sexismo; pero querer promocionar la igualdad entre los sexos mediante el uso de 'giza' no tiene sentido.

III. LAS ALTERNATIVAS TRADICIONALES

El tercer argumento contra el empleo de 'jende' suele ser el del purismo: 'giza' es sin duda la única palabra de origen euskaro que puede significar ‘persona’. Por lo visto, copiar las costumbres lingüísticas de los vecinos y hacer como ellos cuando utilizan 'homme-hombre' pretendiendo que es neutro no es grave; pero tomar palabras de origen latino, como 'jende' o 'persona' les parece inadmisible.

Al igual que otros muchos principios, el purismo se practica cuando conviene. El euskara tiene centenares de palabras extranjeras, empleadas cotidianamente, y que no se consideran inadecuadas, mientras que 'jende' causa irritación. Aunque depende. Si significa «conjunto de personas» y se pronuncia la ‘j’ de manera gutural, puede pasar; pero no vale si designa a un individuo humano y se pronuncia 'y' al modo de Navarra o de Iparralde

Y sin embargo el término 'jende' existe y sigue estando vigente.

III. A. En los diccionarios

En los diccionarios clásicos, puesto que ya se ha visto cual es la opción de los más modernos. En el de Azkue, que es seguramente el más accesible (Diccionario vasco-español-francés, GEV, 1969), se puede encontrar lo que sigue:

JENDE: 1E (AN BN, G, L...), gente, persona sin distinción de sexo.

JENDETU: (BN-am), civilizarse: se civiliser, s'humaniser.

En el Dictionnaire basque-français de Pierre Lhande (Beauchesne éd. Paris 1926) basado en los dialectos de Iparralde, se recogen varias palabras de la misma raíz.

JENDE: -1: famille; -2: parents; - 3: homme, créature humaine, individu (synonyme: gizon). (...)

JENDARTE: société, public, monde.

JENDAKI: -1: race, espèce d'hommes; -2: parenté, famille -6: les gens, en général le monde.

JENDEKI: -1: parents; -2: individu, homme, personne.

JENDAZTATZE: peupler, remplir d'hommes.

JENDEGISA: avec humanité.

JENDEKARI: sociable.

JENDEKIN: (...) -2: sociable, aimant la société.

JENDERAZIONE: (...) -2: génération, la collection d'hommes vivant dans le même temps.

JENDETASUN: caractère d'homme d'honneur (synonyme: gizatasun).

JENDETU: s'humaniser, se civiliser.

En el Orotariko euskal hiztegia (Diccionario general de euskara), para el término 'jende' y sus derivados se encuentra la significación «persona humana» ilustrada por varios ejemplos tomados de la literatura: «Ez da jendea holakorik egiten duena, abere basa da» (Duvoisin) («No es persona, sino animal, quien se comporta así»); «Iendeak iende direnez geroztik» (Atsular) («Desde que las personas son personas»); «Agertu zitzaion (Satan) ederki jauntzia eta jendea izatu balitz bezala» (Joanategi) («Se le apareció Satán en forma humana elegantemente vestido»); «Jente bürhezür bat (un crâne humain).»

III. B. En la tradición oral



En las colecciones de cuentos y leyendas de Iparralde es muy frecuente el empleo de 'jende' en el sentido citado.

El libro de Wendworth WEBSTER Basque Legends fue publicado en Londres en 1877; y los textos originales en euskara, que él tradujo al inglés, han sido editados por Xipri Arbelbide (Euskal ipuinak, 2 tomos, Klasikoak, Donostia 1993). En el relato «Basajauna» del primer tomo (p. 9), tres hermanos y una hermana (designados con el termino neutro «haurride»), que están presos del Basajaun, deciden un día matar a su carcelero, pero la esposa de aquél convierte a los tres chicos en bueyes, por lo que la hermana le amenaza: «Si no los vuelve otra vez hombres (‘gizon’) como eran antes, la quemaré a usted en un horno». La mujer del Basajaun obedece atemorizada «y los vuelve personas (‘jende’) tal y como eran antes».

En el libro de Jean BARBIER, Légendes Basques, (Elkar, Baiona, 1984 (1931), pág. 22, la historia titulada Laminak Senperen («Lamias en Senpere»), cuenta que esos seres viven bajo el puente de Utsale y no pueden morir sin que un ser humano (jende) como nosotros no rece una oración ante el agonizante. En la versión francesa «jende» (pag. 7) se traduce por «être humain».

Entre los relatos que Mayi ARIZTIA recogió en su libro Amattoren uzta (La cosecha de la abuela) Elkar, Donostia, 1982), está el llamado Mutil baten ixtorioa («Historia de un muchacho», p. 14). Un muchacho que se fue de casa a ganar dinero tiene que pelear con el diablo. Después de vencerle con una rama de espino albar, unos bueyes, que no eran sino malas personas transformadas en ganado por el diablo, se volvieron de nuevo ‘jende’. El relato Arttoren ixtorioa («Historia de Artto», ibid. p. 68) cuenta que un grupo de personas meten en un saco al granuja que les había engañado y lo dejan a la puerta de la taberna donde entran a beber. Un pastor que pasa por allí le da unos cuantos meneos, y Artto le grita: «Deja el saco, que hay dentro gente viva» ('jende bizirik»).

Charles VIDEGAIN, en su tesis doctoral Le vocabulaire de l'élevage en pays d'Oztibarre (Université de Bordeaux III, 1989, 281 p.) recoge el siguiente dicho: «Ahuntza ez kabale, ametza ez mairan, emaztia ez jende» («La cabra no es animal doméstico, el quejigo no es viga, la mujer no es humana (‘jende’) »). Comparar a las mujeres con una madera que no vale para la construcción y con un animal díscolo, para terminar negándoles la calidad de personas humanas es misoginia pura. Pero no lo es el lenguaje con que se dice, en el sentido de que se utiliza para designar a la persona humana el término neutro y no excluyente (‘jende’).

En entrevistas realizadas en Baxenabarre he oído muchas veces la palabra 'jende'. Una informadora de Behorlegi, recordando que en las simas del monte Elhorta los espeleólogos habían encontrado muchos huesos, añade: «De animales, supongo, no humanos» («ez jende-hezurrik, araiz»). Y para terminar, recordaremos las palabras de Beronika (capítulo «Harpeko Saindua») al contar cómo aquel niño que no comía pan, empezó a hacerlo «como una persona normal» («jende normal batek bezala»), después de haber estado en la gruta.

III. C. En la literatura

Algunos escritores de Iparralde siguen expresándose con las palabras aprendidas en casa, y en sus trabajos encontramos con frecuencia el término 'jende'. Como de todas formas manejan igualmente conceptos vehiculados por las lenguas dominantes, es frecuente que utilicen igualmente ‘gizon’ dándole el mismo sentido.

Es el caso de Piarres Aintziart que, en su libro Biziaren bazterrean (Al borde de la vida, Maiatz, Baiona 1992, p. 50), cuenta sus experiencias durante la guerra de Argelia. Escandalizado ante las torturas que el ejército practicaba con los insurgentes, acudió junto con unos compañeros al capellán, para preguntarle qué pensaba sobre aquellos hechos. Y a aquél se le escapó como sin querer: «Esos árabes no son personas ('jendeak'), no son hombres ('gizonak')».

Janbattit DIRAZAR en el libro Hegiko bordatik (Desde la borda de Hegi, Elkar, Donostia 1995, p. 35) nos recuerda que durante la Segunda Guerra mundial su madre solía hacer comentarios no muy halagüeños sobre los ocupantes alemanes. Pero ello no le impedía afirmar que «también eran personas (“jendeak”), hijos (“umeak”) del mismo Dios».

En la pieza de teatro Hautsi da kristala de Mattin HIRIGOIEN (Se rompió el cristal, Euskaltzaindia, 1996, p. 48), un personaje opina sobre una muchacha que «es completamente salvaje, que no tiene modales humanos ('jende manerarik')».

Roger Idiart, en una crónica sobre la pastoral suletina «Agota o la eminente dignidad de la persona humana» (revista Enbata, 1999-08-05), cita un aforismo muy usado en Zuberoa: «Jentik jentia balio dizü» («Una persona vale lo que otra»).

Lo que no vale la pena es alargar la lista, ya suficiente para desmentir la opinión de que en euskara no hay alternativa para la palabra 'giza'.

IV. LA UTILIDAD DEL NEUTRO

Existen igualmente en euskara otros términos neutros, especialmente de parentesco, muy útiles para designar indistintamente mujeres u hombres. Por desgracia cada vez se usan menos, y eso que ya hace tiempo un académico, J. L. Davant, nos recordó en un artículo titulado «Denak anaiak?» («¿Todos hermanos?»), publicado en el diario Egunkaria (4-VI-1996), que en euskara padre y madre no se dice «aitak», sino «gurasoak»; que hermanos y hermanas no son «anaiak» sino «senideak» o «haurrideak»; que hijos e hijas no son «semeak», sino «haurrak» o «umeak», lo mismo sean niños que adultos. Como decía la madre de Dirazar: «Jainko beraren umeak».

Últimamente es frecuente añadir la forma femenina a las formas masculinas: «todos los vascos y vascas», «los hombres y mujeres de este país», «nuestros hermanos del Norte o, mejor dicho, hermanos y hermanas, para que no se enfaden las feministas» (sic). Etc.

Es un tipo de discurso que practican sobre todo los políticos, motivados sin duda por un buen deseo de igualdad… y porque las mujeres también votan. Aunque sea gesto de buena voluntad que intenta paliar una injusticia, en euskara es mucho más fácil elegir palabras neutras.

Las palabras compuestas, del tipo «anai-arrebak» (hermanos-hermanas, sinónimo de «senideak») tienen el inconveniente de ser largas y, como la lengua tiende a la economía, corren el riesgo de perder el segundo término, el femenino, y quedarse con el masculino sólo, o sea, todos y todas «anaiak».

Estas palabras compuestas son además en euskara forzosamente plurales y no es correcto emplearlas en singular; no se puede pero se hace, y se llega a situaciones tan ridículas como la de decir que un libro es «hijo-hija» («seme-alaba») de las propias experiencias; o la de anunciar en la radio que la esposa de un primer ministro inglés espera un «hijo-hija», y no se trataba de gemelos. Con lo fácil que hubiera sido utilizar el neutro «haur» o “ume», como hacen los ingleses («child»), los franceses («enfant») y, hasta anteayer, todos los vasco-parlantes.

V. PARA TERMINAR

El problema no es sólo nuestro, también lo tienen nuestros vecinos españoles y franceses; algunos de los cuales intentan resolverlo, con resultados desiguales, escasísimos por parte francesa. En 1999, en un número especial del Monde Diplomatique titulado Manière de voir (Manera de ver), se publicó el artículo de Agnès Callamard, «Le sexisme à fleur de mots» («El sexismo a flor de piel – de las palabras»).

Empieza la autora por hacer notar que «lo que no tiene nombre no existe» (inversión de una locución vasca según la cual «todo lo que tiene nombre existe»). Así, durante la Revolución francesa de 1789, las mujeres fueron excluidas de textos tan importantes como la «Déclaration des droits de l'homme». Los revolucionarios eran muy conscientes de que la palabra 'homme' (hombre) no tenía significado neutro; las mujeres fueron intencionalmente arrinconadas por no estar dotadas de razón y por no ser posible acordar derechos a una minoría de casos excepcionales. Las nuevas leyes les prohibieron cualquier actividad política – y no obtuvieron el derecho de voto hasta 1944. El lenguaje político tanto de la Primera República como del Imperio era marcadamente sexista.

Ahora, dicen algunos, como la política ha cambiado, ya no es necesario cambiar el lenguaje: «son ámbitos diferentes y sin nada en común, dejemos en paz a la lengua». Sin embargo se nota en algunos detalles que las palabras discriminatorias causan cierto resquemor y, según van entrando las mujeres en política, se va oyendo más lo de «hommes et femmes», prueba de que, ahora como antes, 'Homme' sigue no siendo mujer, por mucho que escriba con mayúscula. En el texto de la «Déclaration des droits de l'homme» de 1945, aparece en algunos casos la palabra «personne», reflejo de las dudas de los redactores. También los miembros jurados de los tribunales emplean el término de «persona» en la fórmula del juramento, desde 1997. Para entonces, ya en 1991 y 1993, la UNESCO había recomendado usar la denominación «droits de la personne»; y lo mismo hizo en 1993 la Organización de las Naciones Unidas en un foro de Viena. Amnesty International decidió en 1997 utilizar «personne humaine» en lugar de «homme».

No faltan pues las recomendaciones, y vienen de instituciones reconocidas y respetadas. Pero no se les hace mucho caso y, hoy en día, medios de comunicación y asociaciones siguen diciendo y reivindicando los «Droits de l'Homme».

¿Qué perderíamos los vasco parlantes y el euskara si, siguiendo la trayectoria de los más progresistas y de nuestros vecinos más renovadores, optáramos por el término de 'pertsona' o el de 'jende'?

Hoy en día se aprecia algún progreso, después de una campaña iniciada por un grupo feminista de Iparralde, donde son ya muchos los que, reanudando con su propia tradición, han optado por 'jendarte' (sociedad) en lugar de 'gizarte'. En Hegoalde es otra cosa y, de momento, solo un sector de la izquierda abertzale y cada vez más feministas lo hacen, seguidos por varios periodistas. El «establishment» ignora la cuestión pero sorprenden la resistencia activa de algún medio de comunicación y la virulencia de ciertas reacciones hostiles; Emakunde tampoco parece dispuesto a matizar su posición.

    ANUNTXI PEREA