lunes, 26 de junio de 2017

COMO ENSEÑAR DANZA



Los métodos de enseñanza-aprendizaje en danza van desde la improvisación y la imitación hasta la acción consciente, programada y planeada.

En perspectiva investigativa, pedagógica, histórica, actual y crítica, la autora plantea en su reciente libro ‘Los procesos de formación en danza’ panoramas para comprender las lógicas que mueven hoy la danza en Colombia.

Un modelo ideal, en el campo de lo educativo, es aquel que genera un equilibrio y coherencia entre discurso y acción, el que propicia la reflexión, el análisis, el desarrollo del pensamiento crítico, la autonomía, el liderazgo y la innovación de forma consciente y argumentada. Incluye un cambio de paradigma frente a las tradicionales formas de hacer las cosas, un encuentro con el estudiante o bailarín, donde se le permita a este expresarse en toda su plenitud, donde la ‘obediencia’ no sea el propósito fundamental, y la disciplina no se entienda en términos de sumisión y sometimiento. De allí que se considere importante, en una propuesta alternativa, partir de un análisis que en primera instancia permita comprender que los seres humanos deben desarrollarse en el marco de la libertad y la comunicación asertiva.

Teoría crítica y danza
Para abordar las particularidades inmersas en la teoría crítica se hace necesario partir del reconocimiento de sus antecedentes, los cuales se fundamentan en la aparición misma de la Ilustración, movimiento intelectual desde el cual se hizo posible la comprensión de un mundo y de la relación del hombre y la naturaleza, apartado de los convencionalismos religiosos y de la explicación mítica de los fenómenos que rodean al hombre, en una clara oposición a la tradición y a los dogmas y prejuicios que por siglos dieron respuesta a la humanidad y trazaron los principios fundamentales de la vida en sociedad.

En este sentido, los aportes de filósofos y pensadores de aquella época apuntaron a la reflexión del mundo a partir de la lucha por el valor supremo de la tolerancia, la libertad, la fraternidad y el respeto, no solamente como una actitud de convivencia social y política sino, también, como postura ética y moral (Borque, 2009); entre ellos, John Locke (1632-1704), David Hume (1711-1776), Adam Smith (1732-1790), el francés Le Bruyere (1645-1696), Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), Montesquieu (1689-1755) y Voltaire (1694-1778); aportes que derivaron en la construcción de un proyecto de modernidad, el cual inspiró, años más tarde, la construcción de paradigmas críticos que fundamentaron las principales teorías sociales críticas.

La danza y la concepción de la realidad
La práctica de la danza le permite al ejecutante representarse; posibilita a la persona que danza el reconocimiento consigo mismo o con el otro que está a su lado, con el que lo observa desde un palco, con la cámara de televisión que se aproxima; lo cual da estatus, posiciona, es una forma de sentirse importante, de obtener un reconocimiento social. El que baila expresa un sentimiento; lo hace conforme a su vivencia particular y colectiva, y refleja una particularización en medio del concepto de género, edad, condición social, intereses y vivencias. 

Se ha podido vislumbrar, entonces, que con el recorrido histórico efectuado en relación con el concepto cuerpo se devela en cada época una forma particular de representarlo y da cuenta también de unos procesos formativos que derivan en la forma como son ejecutadas las prácticas corporales, entre ellas la danza. De allí que los estudios y las conceptualizaciones que existen alrededor de la educación corporal responden a las perspectivas o intereses y a la concepción de realidad de quien la toma como objeto de estudio, o como conjunto de conocimientos que alimentan una práctica pedagógica desde diferentes teorías o áreas del saber. Por ello, bien podría definirse la educación corporal no solo en relación con el concepto y la representación misma del cuerpo, sino desde la mirada generada en los distintos campos del saber, entre ellos la medicina, la antropología, la filosofía o la pedagogía; pero, también, desde los intereses, las ideologías y la concepción de realidad de quien la enseña, la reproduce o la asume e, incluso, del sistema dominante que a nivel educativo o político rige en una sociedad.

En ponencia realizada en el II Encuentro de Investigación en Danza, realizado en Bogotá en el 2013, titulada “La educación corporal, un acercamiento desde perspectiva crítica”, la autora hizo referencia a los factores que influyen en los procesos de educación corporal, la educación en la danza:

Todos los seres humanos en su relación con los demás, no importa cuál sea el espacio geográfico en el que habite, reflejan sus formas particulares de ver el mundo, evidencian su concepción de realidad, la cual está íntimamente ligada a intereses particulares que van trazando el camino por el cual se configura una identidad. De allí que desde los espacios familiares y escolares el cuestionamiento sobre el porqué y para qué, al momento de realizar una acción, debería ser una constante, de tal forma que se pueda estimular la capacidad argumentativa, incentivando la generación de sujetos pensantes y sensibles a su entorno social.

Sin embargo, aunque son los gobiernos los que demarcan e instauran las políticas que direccionan los procesos en la educación, la mayor parte del tiempo estos caminos se ven afectados por los cambios que en cada periodo legislativo se generan, así como por los aspectos que cada gobierno considera como prioritario en su mandato; bien sea para cumplir con indicadores de gestión, o para dar cuenta de unos estándares que generalmente son traídos de experiencias externas y que no son nacidas en el seno de las mismas comunidades. De allí los nefastos resultados que suelen acontecer cuando se miden niveles de desarrollo cognitivo que solo pueden darse como resultado de modelos pedagógicos que permitan el desarrollo del pensamiento, y no pretender generar líderes, seres reflexivos y pensantes cuando aún en las instituciones educativas el conocimiento sigue estando en poder de los docentes que, aunque en el discurso dicen ser participativos, en la acción conservan el esquema unidireccional de enseñanza-aprendizaje.

En el arte es necesario incentivar el espíritu creativo de la mano de un desarrollo de las habilidades técnicas y estéticas desde temprana edad, así como de una conciencia del cuidado corporal, de la importancia de la actividad física para la salud, no importa cuál sea el fin último (artístico, recreativo, formativo o competitivo) y esto solo puede lograrse con la implementación de modelos pedagógicos que contemplen como prioridad al estudiante como sujeto pensante no repetidor.

En los inicios de la educación en Colombia, como en muchos países de Latinoamérica, el modelo pedagógico tradicional centrado en la pedagogía católica tenía como fin último generar estudiantes obedientes. La forma como se disponían los asientos y el lugar del profesor son solo algunos rituales heredados, aún en la educación moderna, y que hablan de una relación poco recíproca donde el docente sigue siendo el protagonista, ubicado en un sitial importante, quien tiene el control y el poder de promover o reprobar a quien no cumple con los objetivos de formación.

Cada momento histórico trae consigo formas particulares de abordar los procesos educativos y, en particular, sobre la educación corporal. Por ello, desde la danza sería importante reflexionar sobre cuál es ese tipo de modelo educativo que los niños necesitan hoy día, y sobre cuál es el tipo de bailarín y bailarina que se quiere formar; lo cual conlleva a pensar, también, cuál es el tipo de formación que un docente debe poseer para asumir responsablemente la formación de estas nuevas generaciones. Estos interrogantes solo pueden ser resueltos en la medida en que los docentes sean capaces de autoinvestigarse, de describir sus propios actos pedagógicos y determinar las debilidades y fortalezas en la enunciación de sus discursos.

Bill Gates, en la presentación de su último gran proyecto, Measures of EffectiveTeaching (Medidas para una enseñanza eficaz), ante la cuestión de cómo se identifica realmente la buena enseñanza, expresó lo siguiente:
... la mejor forma de evaluar al profesorado pasa por tener en cuenta tres variables: el desempeño de los estudiantes en exámenes estandarizados, la observación del trabajo en el aula (a través de múltiples inspectores) y la valoración que de los propios maestros hagan los alumnos. (Gate citado por Ayuso, 2013, 4).

Lo cual quiere decir que la única formar de elevar la calidad de la educación es posibilitando que cada docente pueda registrar sus encuentros con los estudiantes; es decir, las clases a través de videos, que luego mediante un programa especial le fuese posible determinar las acciones positivas, asertivas y convenientes para continuar desarrollándolas en aquellos, así como las acciones que debía mejorar.

Hacia un modelo ideal
Desde la perspectiva crítica, la reflexión va más allá de qué se enseña, hasta el cómo se enseña y cuáles son esas didácticas empleadas que propician una apertura de pensamiento de los estudiantes como una invitación a construir nuevas formas y cambiar paradigmas. Para lograr que un estudiante desarrolle su pensamiento crítico es necesario, en primera instancia, incrementar sus competencias comunicativas; obviamente el docente debe haberlas desarrollado de manera efectiva, así es como llega a desarrollar las competencias relacionadas con la educación del movimiento, con la danza y con el cuerpo.

Para poder encontrar ese sujeto pensante, autónomo y crítico es importante sumergirse en la esencia de otros tipos de modelos pedagógicos, en especial de una teoría pedagógica que sea capaz de abrir el camino a la comprensión y transformación de sí mismo, en primera instancia y, luego, la de su comunidad. La pedagogía crítica se centra en una nueva manera de leer la realidad, capaz de responder a las problemáticas sociales del mundo moderno; la pedagogía crítica es como una pedagogía respondiente, porque implica una reacción generada desde una reflexión consciente y responsable (Giroux, 2009).

Sumado a los factores relacionados con la educación del cuerpo y del movimiento, existe una intrínseca relación con la investigación, con la correspondencia entre las didácticas y el desarrollo de una pedagogía crítica, la cual, según Sicilia & Fernández (2005), también se centra en una construcción de sociedad a partir de un proyecto político basado en la ética de proyectos desde lo ético, desde la equidad, la justicia y la igualdad.

Para el desarrollo del pensamiento crítico se requiere que los estudiantes, bailarines e intérpretes hayan ejercitado sus capacidades para cuestionar, dudar, analizar, interpretar, preguntar y transformar, con un sentido crítico, a partir de aspectos tan cercanos como su cotidianidad familiar, social, recreativa y artística; requiere que el estudiante pueda generar contraste, comparaciones, abstracciones o lo que bien relaciona Keating y Sasse (1996): «implica la transformación del conocimiento más que la mera aplicación de rutinas conocidas, y que lleva la idea de un pensamiento propositivo guiado, es decir, con un fin», lo cual es coherente con los tipos de pensamiento que facilitan el juicio basado en criterios.

Los sistemas políticos, al decir de Gutiérrez (2003), así como los preceptos de la Iglesia católica, la organización militar y la aparición de las primeras industrias y empresas permearon la cotidianidad y las actuaciones humanas en sociedad. En esta dinámica se empezaron a emplear ciertos códigos para denominar las acciones relacionadas con las disciplinas corporales (“entrenamiento”, “rigor”, “dirección”, “control”, “rendimiento”), los cuales requieren ser resignificados en la actualidad, por las mismas características de los sistemas educativos y de las nuevas generaciones (Lindo, 2013).

Resultaría incomprensible manifestar que se planean procesos formativos en el marco del constructivismo cuando manejamos códigos en clase como ‘obediencia’, ‘adiestramiento’, ‘dirección’, ‘control’, ‘rendimiento’.

Es importante que docentes, directores, coreógrafos y todos aquellos encargados de la educación corporal de los seres humanos desde temprana edad estén abiertos a procesos de autoevaluación, a través de los cuales puedan caracterizar sus prácticas formativas, develar la intencionalidad que de ellas se generan, analizar su discurso pedagógico, reflexionar alrededor de la representación que del cuerpo le es inherente a sí mismo y las que poseen sus estudiantes o bailarines; lo cual debe devenir en la construcción de procesos de innovación y cambio contextualizados con la sociedad actual, que signifique la construcción permanente de un discurso que conlleve a la reflexión del ahora para transformarlo y generar un mejor mañana.

MONICA LINDO