Ayer entendí
que una ronda no-solo-se arma con pasos,
sino con afectos.
La sorpresa fue simple:
música, miradas, ruidos y abrazos…
y ese instante donde uno descubre
que ha sembrado compañía.
Porque al final,
cuando el cuerpo recuerda lo esencial,
lo importante del todo
es bailar con el otro.

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