Lesaka
No es una fiesta.
Es un viaje emocional.
Un puente que une
lo que el tiempo jamás consiguió separar.
Es el fuego de dos barrios
que arde sin quemar,
porque solo ilumina la memoria.
Es un dantzari sin género,
donde la tradición deja de preguntar
para comenzar a danzar.
Son napoleones a brincar,
la historia riéndose de sí misma
entre txistus y pañuelos.
Es la bandera sobre el agua,
como si un pueblo
quisiera contemplar su propia alma.
Es un ritual eterno,
que cada julio vuelve a nacer
sin haber muerto nunca.
Y es, sobre todo,
un idioma que danza.
Porque hay lugares
donde las palabras se pronuncian.
Y hay lugares, como Lesaka,
donde el euskera
se baila.
aitor
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