La plaza de Leitza se quedó pequeña el martes al mediodía, cuando ocho dantzaris bailaron la Ezpatadantza, uno de los actos más emblemático y solemne que nadie se lo quiere perder. Ya dos horas antes había personas que ocupaban los mejores sitios, en primera fila y a la sombra. A las doce no quedaba un hueco libre. Al sol, durante 20 minutos sin descanso, se sucedieron nueve danzas en perfecta sincronía, un gran esfuerzo físico y muchos ensayos detrás. Era el fruto del trabajo realizado durante el año que el público reconoció con aplausos y palabras de ánimo.
Y es que Leitza vibró con sus dantzaris: Eider Apezetxea, Garazi Zabaleta, Eneko Barriola, Lide Santano, los hermanos Etor y Hegoi Lizarraga así como Aroa Astibia y Oinatz Olaetxea, dos jóvenes que se estrenaron ayer. “Es un orgullo y un honor bailar este día”, destacó Miel Olano, que durante dos décadas bailó la Ezpatadantza y que desde hace cinco años está al frente de grupo de mayores, 35 en total. Los ensayos comienzan con el inicio del curso y a partir de enero, se centran en los bailes de las fiestas. “Lo más difícil es aguantar la respiración y levantar la pierna. Hay que tener mucha fuerza y darle bastante. Es importante tener fondo”, observó. La sincronía se trabaja especialmente el último mes, una vez decididos los ocho dantzaris. “Se tiene en cuenta, sobre todos, quiénes son los que más han acudido a los ensayos”, observó al tiempo que agradecía el apoyo del público.
Se trata de una coreografía, sin género desde 2015, en la que se alternan nueve danzas. Tras Agintearena, comienza con Zortziko lekun, Zortziko mutuz y Zortziko mugituz. Le siguen Banakoa, Binakoa y Launakoa, denominadas así porque se bailan de uno en uno, de dos en dos y de cuatro en cuatro, respectivamente. La parte final incorpora juegos de palos y espadas: Makildantza y Ezpadantza, para finalizar con Txakarrakua, cuando los dantzaris alzaron a Lide Santano mientras empuñaban sus espadas. Aunque no es oriunda de Leitza, este pueblo la ha hecho suya. De poner la música se encargaron los txistularis de Leitza: Pilartxo Sagastibeltza, José Luis Uharte, Juan Miguel Saizar, Leire Retegi, Eki Mateorena, Jon Alduntzin, José Antonio Zabaleta y Aritz Iturrino.
Disfrutar de la Ezpatadantza en primera línea y sentado en una silla es un honor que el Ayuntamiento de Leitza comparte cada año con personas o colectivos a modo de homenaje. La invitada era Tere Zabaleta Zabaleta, en representación de todos y todas las dantzaris así como txistularis que han mantenido vivo el Ingurutxo. Esta leitzarra era de las que no se perdía uno. “Fue sorpresa total. Me dijeron que en fotos antiguas salía yo en muchas”, apuntó.
“Es un homenaje al pueblo”, resumió el alcalde, Dabid Anaut, al tiempo que destacó que se cumplen 100 años desde que Hilario Olazarán disfrutó del ingurutxo en Leitza, el 11 de agosto de 1926. Al txistu estaba Ebarixto Elduaien, de quién recogió la partitura. Cinco años después la publicó en el libreto Danza vasca popular de Leiza. El capuchino era hermano de Ramón Olazarán, sacerdote en Leitza a principios de los años 30 que colaboró junto con el dantzari pamplonés Patxi Ripa para enseñar la Ezpatadantza en Leitza. Se bailó por primera vez de forma oficial en la inauguración del batzoki local





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