Romería. «Fiesta popular que con meriendas, bailes, etc., se celebra en el campo inmediato a alguna ermita o santuario el día de la festividad religiosa del lugar», define la Real Academia de la Lengua. En Aristerrazu, más que meriendas hay bailes, bien cerca de la ermita de San Pedro. Y sí, es una fiesta muy popular, aunque tampoco hace falta que se celebre una festividad religiosa para levantar los brazos y arrancarse con un fandango o arin-arin. Porque el barrio Andatza, que pertenece a Aia, es todos los domingos lugar de peregrinación para decenas de personas, y no solo guipuzcoanas, que van a escuchar y, sobre todo, a bailar trikitixa. Unas doscientas la semana pasada. Aristerrazu es La Meca de la 'triki', la decana de las romerías y que, lejos de desfallecer, últimamente está atrayendo a un público joven.
La cita es todos los domingos a las 18.30 horas, aunque un poco antes ya hay movimiento en este paraje de Aia, al que el GPS reconoce por el restaurante y bar Aristerrazu, situados en los bajos del caserío del mismo nombre y en cuya entrada se celebra la romería. Una tejavana con una especie de uralita verde cobija a los dantzaris populares, aunque a primera hora de la tarde, y con estos tiempos, familias con niños y cuadrillas toman el café en unas mesas que pronto desaparecerán.
En Aristerrazu todo o casi todo es trikititxa. Hay una ermita, un frontón, una escuela de barrio, una plaza que se llama 'Trikilitarien Plaza' y una preciosa fuente con la imagen esculpida en piedra de dos trikitilaris.
En la pared que da al restaurante, al fondo de la 'pista de baile', hay un enorme cartel que resume, en imágenes, la historia de la romería, por la que han pasado todos los nombres grandes del género, desde Elgeta a Kaxiano, pasando por Zialtzeta, Eleuterio Tapia, Isidro Larrañaga... Precisamente, este 2019 Aristerazu ha estado de luto. El trikitilari Iñaki Garmendia 'Laja' se sintió indispuesto la tarde del día de Reyes cuando se disponía a subir, otra vez más, a este escenario. Falleció a la semana, dejando huérfano al panderojole Ramón Zubizarreta 'Landakanda', una pareja que ha sido todo un referente.
Empezó en un desván
A Juan Mari Azkue casi se le escapa alguna lágrima al recordar esa tarde. Tiene 63 años, nació y vive en Aristerrazu y se puede decir que es el 'alma mater' de la romería, junto al oriartzuarra Martxel Antza y Joxe Alkain, vecino de Zarautz. Los tres integran Andatza Erromeri Elkartea, que se ocupa de mantener viva la fiesta cada domingo. Azkue recuerda haber visto a gente bailando los domingos desde niño. «Al principio lo hacían en el desván», dice el aiarra, que por lo que le contaron calcula que esta fiesta llevará unas siete u ocho décadas celebrándose.
«Los jóvenes del barrio empezaron a organizar la romería. Venían trikitilaris y pasaban la txapela, y si no llegaba con ese dinero el bar ponía lo que hacía falta», explica. El baile de los domingos no fallaba, excepto fechas como Semana Santa, cuando «no tocaba» ponerse a bailar. Pero con los años los jóvenes fueron abandonando Andatza y la cita dominical fue languideciendo.
Hasta que Martín Aginagalde abrió una escuela de trikitixa en Villabona. «Se movió mucho» el ambiente trikitilari. «Tenía gente joven y empezó a enviarlos aquí. Las hijas de Martxel Antza eran algunas de aquellos alumnos jóvenes y que me comentó que había que hacer algo» para impulsar la romería. Así empezaron a darle vueltas a la idea de crear una asociación, un revulsivo al que siguió otro: el cambio de horario.
Hace no tanto los trikitilaris empezaban a actuar a las 21.30 y solían acabar hacia las 23.30 horas. «El público iba bajando y hasta los trikitilaris empezaron a preocuparse por el descenso», cuenta Azkue. No tardaron mucho en darse cuenta de era más que tarde para volver a casa desde Aristerrazu, situado a 22,3 kilometros de Donostia, muchos de ellos sinuosos. Así que hace poco más de una década cambiaron el horario. Ahora acaba cuando antes empezaba, a las 21.30 horas. «Enseguida empezó a venir más gente».
Y así sigue esta romería que se celebra desde octubre, «tras la Pilarica», hasta San Juanes, más o menos. Solo falla algunos domingos en los que coincide con fiestas de algún otro barrio de Aia. «Va bien», reconoce Azkue. Otra confesión: «Los músicos cobran algo menos porque les gusta tocar aquí». El prestigio de actuar para el público de Aristerrazu vale más que el dinero. Un público que cada vez es más joven. «Se están animando a venir y bailar junto a los mayores. Vienen en cuadrilla. De Asteasu, por ejemplo, suelen venir unos dantzaris que lo hacen muy bien y disfrutan bailando».

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