“GUERNICA-GERNIKA”
Hubo
un nombre que aprendimos a pronunciar de dos maneras.
Guernica,
dijeron unos,
como quien nombra desde la distancia,
como
quien llega tarde a la historia o…
simplemente la oculta!
Gernika,
dijeron otros, nosotros!
con la raíz en la boca,
con la
tierra todavía latiendo en la palabra;
y el humo de bombas hecho NIEBLA.
Dos
formas de decir lo mismo.
O tal vez no.
Porque
hay nombres que traducen-la historia,,,
y nombres que recuerdan.
Guernica
fue el eco que cruzó fronteras,
el grito que el mundo pudo
entender.
Gernika, en cambio,
fue el susurro antiguo que no
se rinde,
la memoria dicha hacia adentro,
el idioma y
aliento que resiste incluso cuando todo arde.
Y
entre ambas,
entre lo que se dice y lo que se siente,
vive
un pueblo.
Un
pueblo que no eligió ser símbolo,
pero aprendió a no
desaparecer.
AITOR


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