viernes, 6 de marzo de 2015

EL BARDO VASCO

JOSE MARIA IPARRAGIRRE
Cantante y poeta popular. Oriundo de Idiazábal, nació en Urretxu (Gipuzkoa) el 12 de agosto de 1820 y falleció en Itsaso el 6 de abril de 1881.

Su padre, comerciante, deseó que estudiase y lo envió a Zerain, donde un tío suyo le enseñó castellano y gramática; a los 11 años lo llevaron a Vitoria-Gasteiz con el fin de que aprendiese latín -al parecer se proponían que fuese sacerdote-. Posteriormente, con 13 años, la familia se trasladó a Madrid e ingresó al muchacho en el colegio de San Isidro el Real, regentado por los jesuitas.

En 1833, al estallar la carlistada primera, Iparraguirre se escapó de su casa -"Sin más opinión que el amor a mis paisanos"- y marchando hacia el País Vasco se alistó en las filas carlistas, en el primer batallón de Gipuzkoa. Contaba por entonces sólo 14 años. En los momentos que le quedaban libres, pulsó la guitarra, acompañándose en canciones cuya letra y música creaba. Fue herido en la batalla de Arrigorriaga (1835) y después se incorpora a la compañía de alabarderos de D. Carlos.

VIAJERO
Terminada la contienda, con su guitarra a cuestas, se fue a Francia sin adherirse alConvenio de Bergara. Contaba con 19 años y desde entonces toda su existencia la dedicó a viajar, cantando sus canciones, de las que alguna lo inmortalizaría. En Francia había aprendido francés y había leído a Lamartine, Chateaubriand y otros. A la guitarra, de la que nunca se separó, le dedicó una linda tonada:Gitarra zartxo bat det (Tengo una vieja guitarra). Tomó parte en la Revolución del 48, entonando la Marsellesa en las barricadas, con lo que lograba electrizar a las masas. Napoleón III lo expulsó por elemento subversivo; salió rumbo a Suiza, viajó por Italia, Alemania e Inglaterra, llegando a Londres (1851) con una compañía florentina.

EL GERNIKAKO ARBOLA
En 1853 le fue permitido volver, mediante indulto, al País Vasco que recorrió cantando. Compuso la letra y música de una composición que tituló Gernikako Arbola, que interpretó por primera vez, con la colaboración del organista vasco Juan José Altuna, en el café de San Luis, de Madrid, al que concurrían muchos vascos residentes en la ciudad. La Marsellesa vasca estaba creada; el himno se hizo popular, llegó al País Vasco y fue cantada por todos, en ocasiones multitudinariamente, con la presencia del mismo Iparraguirre Esto pareció peligroso a las autoridades -Mazarredo- que decretaron su expulsión del país en 1855, acompañado por la Guardia Civil.

A SUDAMERICA 
Se vio, pues, obligado a reanudar sus viajes componiendo incesantemente versos y música de la más honda raigambre vasca. Emigró a Sudamérica, 1859, permaneció bastantes años en Buenos Aires, contrajo matrimonio con una guipuzcoana -María Angela Averejeta- y tuvo ocho hijos. Estando en la Argentina fueron abolidos los últimos fueros vascos en 1876. Luego pasó al Uruguay y en 1878 se puso en viaje de regreso desembarcando en Burdeos, donde lo recibió la colonia vasca.

EL REGRESO
Sus paisanos vascos le habían costeado el viaje a Europa mediante una suscripción pública ideada por "La Paz" en 1876. Visitó Tolosa, Donostia-San Sebastián y su pueblo natal; se personó en Madrid para intervenir en unas funciones a beneficio de las familias de más de trescientos pescadores de Gipuzkoa y Bizkaia ahogados en una tremenda galerna. En Elizondo (Navarra) Iparraguirre fue consagrado junto con el vizcaíno Arrese Beitia en 1879.

Fue, pues, un auténtico símbolo de toda Euskalerria. En Madrid los vascos residentes, con la participación de Gayarre, le rindieron gran homenaje en el Teatro Real. A los 60 años las Diputaciones de Bizkaia, Gipuzkoa y Álava le asignan una pensión y la de Navarra le entrega un donativo portado por D. Arturo Campión (1880).
Murió en Itsaso, en el caserío Zozabarro donde cenaba con sus amigos, el 6 de abril de 1881.

PRODUCCIÓN
Había compuesto y cantado una hermosa serie de canciones -hoy tradicionales- de las cuales las más conocidas son: Ume eder bat ("Una bella criatura"); Zibillak esan naute ("Me han dicho los guardiaciviles"); Agur Euskalerri-ari ("Adiós a Euskalerría"); Gitarra zartxo bat da ("Una pobre guitarra"); Nere etorrera lur maitera ("Mi vuelta a la amada tierra") ("Cancionero Vasco " Manterola 1877, I, p. 51-60); Biba Euskera ("Viva el Euskera") ("Cancionero Vasco" Manterola, 1878, II, p. 1); Nere Maitearentzat ("Para mi amada") ("Cancionero Vasco" Manterola, 1877, I. p. 1-12); Gernikako Arbola ("El árbol de Gernika") ("Cancionero Vasco" Manterola) 1878, III. p. 73); Nere andrea ("Mi mujer"); Ara, nun diran ("Ved ahí..."); Okendo. Muchas de estas canciones figuran en el Disco Philips, 33 1/3, adaptadas y cantadas por Patxi Andion con arreglos musicales de Rafael Ferro. Contiene: Nere amak ba lekiGora RiojaNere etorreraGitarra zartxo batTrapu zaarrakEzkongaietanUme eder batAgur Euskal ErriariErrukarriaZu, maitea; Nere izarra; Oi nere zoragarria; Zugana ManuelaGernikako arbola. La dirección artística fue de Alfredo Garrido y la supervisión euskérica de Luis Iriondo. En 1984 el tenor José Antonio Urdiain y la Orquesta Sinfónica de Euskadi graban, con la armonización de J. Bello Portu, un LP con las populares canciones.

La más célebre de sus canciones fue el Gernikako Arbola, himno-canción que llegó a extenderse rápidamente por toda la geografía vasca uniendo a todos los fueristas tanto de origen liberal como carlista e incluso a los nacionalistas.

En la discusión entablada en el Senado Español acerca de nuestros fueros en 1864, a consecuencia de los discursos antiforales pronunciados por Sánchez Silva, Pedro de Egaña, senador por Alava, se hizo eco en su contestación, de aquellos entusiasmos que despertaba Iparraguirre con el "nombre santo" de los fueros, y decía que él presenció en su pueblo un concurso de más de 6.000 personas, que al oír la estrofa que decía nosotros te adoramos oh arbol santo de Guernica, se quitaban todos las boinas y descubrían sus cabezas, electrizados por el mágico canto del trovador ambulante.

Durante la "gamazada" de 1893-1894 fue cantado por miles y miles de manifestantes a lo ancho de toda la geografía vasca, llegándosele a componer una letrilla en castellano (véase GAMAZADA).
Reapareció luego en todos los movimientos de reivindicación foral como el de 1917. En 1931 compartió, junto a La Marsellesa y a La Internacional, los honores de los que festejaban el advenimiento de la República, siendo considerado por los republicanos de todos los colores el himno vasco por excelencia.

Sin embargo, la apropiación del mismo por los carlistas bien situados durante el franquismo, hizo que parte de la población, la ubicada en la oposición al régimen, comenzara a expresarle su desafecto, lo que culminó en la adopción de otro himno, esta vez oficial, por el Gobierno Vasco (Vitoria).

En Iparralde, debido a su popularidad, fue tocado junto con la Marsellesa en las conmemoraciones anuales del final de la I Guerra Mundial. Sus sones se oyeron en el nacimiento de Enbata y en todas las ocasiones solemnes en las que se han congregado los vascos de Iparralde.



DESPEDIDA POLÍTICA DE IPARRAGIRRE
Gracias a la amabilidad del poeta don Gabriel de Manterola, podemos incluir aquí, completa, esa especie de testamento político, que dicho buen amigo ha entresacado de un folleto que tuvo la suerte de encontrar en una librería de viejo en Londres. El citado folleto se titula «Album de la Caridad» - Conferencia literaria, donde se recogen trabajos literarios en castellano, gallego y vasco. Aparece publicado en Buenos Aires con fecha 29 de julio de 1877. El poema de Iparraguirre es éste que sigue:
Jaungoikoa eta arbola
Dios y el árbol
I

Fueristac gera eta izango,
Mundua mundu dan artean;
sentimentu au bizirik dago
Betico Euscal errian.
Naiz eri izan gure anima,
Gauden soseguz baquean,
Icusico da gure arbola
Zutic egunen batean.


II
Mendietaco raza noblea
Gaur buru macur beguira:
Beti izan da fueroen leguea
Euscaldunen anima.
Arguitasunic ez da agueri;
Cerua dago illuna;
Libertadea esan cantari
Il arte maite degula.


III
Zuaz D. Carlos zazpigarrena,
Urrun bai gure lurretic;
Ez dezu utzi guretzat pena
eta tristura besteric;
Lutoz negarrez ama gaisoac
¡Ay! ezin consolaturic;
Ez degu nai ez gueyago ikusi
Zori gaiztoco guerraric.

IV
Euscaldun onac bear du eriotza
Billa bere sor lecuan;
Lurra da ama; maitatzen bada,
Sartuco guera zeroan;
Sinistu, maite, izan fedea
Gure libro santuan
Eta arbola viva orain eta
Eriotzaco orduan. 
V
Amoriosco legue santuequin
Gorroto gabe biotzean,
Iberiaco gure anayaquin
Bizi nai degu baquean.
Gure izatea ondasunac
Dira arbola maitean;
Libertadea maite dutenac
Betoz gurequin baquean.


VI
Egunen batez aguertuco da
Gure goizeco izarra
Bere odeietan inguru dela
Jaun Zuriaren itzala.
Eta orduan zainetan bada
Libru zarraren odola.
Biziac eman esanez viva
Jaungoicoa ta arbola.

VII
Arren! ez bada galdu esperantza
Gertatutzen da eguna
Nacioen liga edo alianza
Da icusico deguna.
Orduan gora Cristo'n leguea
Errespetatzen degula,
Bai Euscaldunen borondatea
Da errien anaitasuna.


I

Somos y seremos fueristas,
mientras el mundo es mundo;
este sentimiento está vivo
Para siempre en Euskalerría.
Aunque se halle enferma nuestra alma,
permanezcamos con sosiego en paz,
Ya se verá algún día
De pie a nuestro árbol.
II
Hoy la noble raza montañesa
Mira con la cabeza inclinada:
La ley de los fueros ha sido siempre
El alma de los vascos.
No se descubre claridad alguna;
El cielo está oscuro;
Decid cantando que amamos
La libertad hasta la muerte.
III
Vete, D. Carlos VII,
lejos sí de nuestra tierra;
no nos has dejado
más que pena y tristeza;
Las pobres madres llorando enlutadas,
¡Ay!, sin poder consolarse;
No queremos, no, presenciar
más infaustas guerras.
IV 
El buen vasco debe buscar la muerte
En su lugar nativo;
La tierra es madre; si la amamos,
Entraremos en el cielo;
Creed, amad, tened fe
en nuestro santo libro,
Y viva el árbol ahora y
en la hora de la muerte.
V
Con las santas leyes dignas de amor,
Sin odio en el corazón,
Queremos vivir en paz
Con nuestros hermanos de Iberia.
Nuestro ser y bienes
Se hallan en el amado árbol;
Los que aman la libertad
Vengan con nosotros en paz.
VI 
Algún día aparecerá
Nuestra estrella matutina,
Rodeada entre sus nubes
Por la sombra de Jaun Zuria;
Y entonces, si hay en las venas
La sangre del viejo libro,
Dad las vidas diciendo
«¡viva Dios y el Arbol!».
VII 
¡Por Dios! no perdáis la esperanza
Llega el día
En que veremos
La liga o alianza de las naciones.
Arriba entonces
respetando la ley de Cristo:
sí, la voluntad de los vascos
es la fraternidad de los pueblos.




Ainhoa Arozamena Ayala