Fue muchas manos en un solo cuerpo,
madera, música y palabra viva.
En la iglesia y en la calle,
en el aula y en la fiesta,
supo encender caminos
donde otros veían solo paso.
Llevó en la voz y el canto de un pueblo,
y en su alma, la memoria antigua
que no se rinde.
Nos enseñó sin ruido,
trabajando la vida como quien talla un tronco:
con paciencia, con verdad, con raíz.
Y hoy,
aunque el silencio pese distinto,
queda su forma de estar en el mundo,
viva en cada gesto nuestro.,
Andoni, se nos fue el padre de la vida!
aitor


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