martes, 10 de marzo de 2026

Zaratustra, el filósofo que quería bailar

 


Cuando Friedrich Nietzsche escribió Así habló Zaratustra, no estaba componiendo un tratado de filosofía tradicional. Estaba creando una obra a medio camino entre el poema, el mito,  la profecía más algo de provocación. Y en ese universo simbólico aparece una figura inesperada para la filosofía: el bailarín, para nosotros el DANTZARI.

En muchas páginas de la obra, Zaratustra habla contra lo que F.Nietzsche llama el espíritu de la pesadez. Es el espíritu de las normas rígidas, de las verdades inmóviles, de la moral que pesa sobre el cuerpo y sobre la vida.

Frente a ese peso, Zaratustra propone algo radical: la ligereza.

No es casual que una de las frases más célebres del libro diga:

“Yo no sabría creer más que en un dios que supiese bailar.”

La frase, tantas veces citada-usada, no es una provocación superficial. Es casi una declaración de principios. Nietzsche imagina un dios que no oprime ni condena, sino que celebra la existencia. Un dios que danza.

La danza, en el pensamiento de Nietzsche, no es sólo movimiento. Es una forma de sabiduría.

El bailarín conoce el equilibrio entre fuerza y ligereza. Domina la gravedad(1) sin negarla. Transforma el peso en ritmo. Y algo parecido debería hacer el ser humano con su propia vida.

Por eso Zaratustra invita también a aprender a bailar sobre uno mismo. Es decir, a superar las propias cargas, a convertir las dificultades en movimiento, a no quedar atrapado en la rigidez.

En ese sentido, el ideal humano que Nietzsche imagina —el famoso “superhombre”— no es un héroe guerrero ni un dominador. Es, más bien, un espíritu ligero, alguien capaz de reír, crear y danzar.

Por eso también escribe:

“Y que se pierda el día en que no hayamos bailado al menos una vez.”

La frase puede leerse de muchas maneras. Puede ser literal: un elogio del cuerpo, del movimiento, del placer de la danza. Pero también puede ser simbólica: un día sin danza es un día sin alegría creadora, un día en el que la vida ha sido demasiado pesada, en definitiva un día perdido.

Vista desde hoy, la intuición de Nietzsche resulta sorprendentemente cercana a muchas culturas tradicionales. En ellas la danza nunca fue sólo espectáculo. Fue lenguaje, identidad(2), comunidad y celebración de la vida.

Tal vez por eso Zaratustra(3), ese extraño profeta de la montaña, no quería discípulos solemnes ni seguidores tristes.

Quizá lo que buscaba era algo mucho más raro en la historia de la filosofía:

"discípulos que supieran bailar"(4).


Quizá Friedrich Nietzsche sospechaba algo que la filosofía había olvidado u ocultado:

 Hay pensamientos que sólo el cuerpo comprende.

Y que algunas verdades,
si no saben bailar,
pesan demasiado para ser verdaderas.
.........................................................................................................................

En su obra Zarathoustra, Béjart transforma la filosofía en un ritual coreográfico donde el bailarín aparece como un ser que busca superarse constantemente. La danza se convierte aquí en una forma de ascensión espiritual, muy cercana al ideal nietzscheano del ser humano que se reinventa.

El coreógrafo alemán Uwe Scholz creó una coreografía basada en la música de Richard Strauss, Also sprach Zarathustra. La coreografía explora la relación entre orden, cosmos y movimiento, siguiendo la monumental arquitectura musical de Strauss. Los cuerpos se mueven como si fueran parte de una estructura universal.

Aunque Pina Bausch no coreografió directamente Zaratustra, su Tanztheater comparte muchas ideas con Nietzsche: el cuerpo como verdad, la lucha contra las normas sociales y la búsqueda de autenticidad. En muchas de sus obras el bailarín aparece como un ser vulnerable que se rebela contra la pesadez del mundo, algo muy cercano al espíritu de Zaratustra.

El coreógrafo argentino Oscar Araiz exploró en varias creaciones la relación entre filosofía, mito y movimiento, incluyendo lecturas escénicas de obras inspiradas en la música de Strauss. En estas propuestas, la danza se convierte en una reflexión sobre el lugar del ser humano en el universo, una pregunta muy presente en el pensamiento de Nietzsche.

Epílogo

Tal vez no sea casual que Nietzsche escribiera:

“Yo no sabría creer más que en un dios que supiese bailar.”

Porque, al final, Zaratustra no sólo quería enseñar una nueva filosofía.

Quizás lo que realmente buscaba era una humanidad capaz de danzar sobre la gravedad de nuestra existencia.

aitor

0 comentarios:

Publicar un comentario