Del Bourre a la Chacarera: un caso de cuerpo migrante
Y sin embargo, cuando el cuerpo observa -y más aún cuando el cuerpo baila´-aparece una intuición difícil de ignorar: hay algo que se reconoce. No en la forma exacta, sino en la lógica profunda del movimiento.
Dos paisajes, un mismo pulso
EL Bourre nace en el mundo rural de Francia. Es una danza de comunidad, de repetición, de ritmo insistente. Los cuerpos se organizan en estructuras claras, donde el paso es corto, marcado, casi pegado a la tierra.
La chacarera, en cambio, florece en Santiago del Estero, dentro de un paisaje completamente distinto. Allí, la danza se abre: aparece el juego, el rodeo, la distancia entre los cuerpos que se buscan.
Pero bajo esas diferencias, el pulso sigue siendo reconocible.
La estructura que viaja
Si quitamos la superficie -música, vestuario, contexto-y miramos la arquitectura de la danza,es decir el movimiento, encontramos coincidencias sugerentes:
-Organización en frases repetidas.
-Estructura clara de inicio, desarrollo y cierre.
-Relación y códigos entre los bailarines.
-Uso rítmico como eje ordenador
No es la misma danza, pero sí parece compartir un mismo “idioma estructural”. Como si ambas ertenecieran a una familia lejana.
Del grupo a la pareja: una transformación clave
En el Bourre, en pareja, cuartetos o grupos,el acento está en lo colectivo. El grupo ordena el movimiento. El individuo se integra. En la Chacarera, en cambio, emerge con fuerza la pareja. Pero no una pareja cerrada, sino una pareja que:
-Se busca.
-Se esquiva.
-Se galantea.
-Se construye en el movimiento.
Aquí ocurre una mutación esencial: la estructura comunitaria europea se transforma en relato coreográfico americano. Se cuenta una historia en cada danza.
El pie que recuerda
Hay un elemento especialmente revelador: el pie.
En ambas danzas:
-El ritmo se afirma desde el suelo.
-El zapateo o marcación tiene protagonismo.
-El cuerpo no flota: pesa, golpea, afirma, se desplaza.
Es
un detalle técnico, en
las dos bajamos el eje corporal y así aumenta la flotabilidad y el
desplazamiento.
El pie es memoria.
Es el lugar donde el cuerpo se conecta con la
tierra,
incluso cuando esa tierra ha cambiado y
es otra.
Mestizaje: cuando la forma se vuelve historia
La Chacarera no es un Bourre desplazada. Es algo mucho más complejo. En ella conviven:
-Estructuras europeas.
-Sensibilidades indígenas
-Aportes afroamericanos
Con este cruzamento nace una danza más abierta, más expresiva, más narrativa. Donde antes había repetición, ahora hay intención. Donde antes había estructura, ahora hay juego. El zapateo/zarandeo cobran un protagonismo sublime.
El Eco
Quizá
la mejor manera de entender esta relación no sea hablar del origen,
sino de resonancia. Como nos queda. El Bourre no se convierte en la
Chacarera.
Pero algo de ella -de su lógica, de su pulso, de su
forma de organizar el cuerpo, de sus miradas- sigue vibrando. Como un
eco/danza que atraviesa el tiempo y el espacio, hasta nuestros días.
El cuerpo sabe lo que la historia duda o no demuestra.
-La
historia necesita pruebas.
-El cuerpo, en cambio, trabaja con
sensaciones.
-Por eso, a veces, la danza intuye relaciones que los libros aún no pueden confirmar.
-Y ahí aparece un territorio la investigación desde el movimiento.
EPÍLOGO
Tal vez nunca podamos demostrar que el Bourre viajó hasta convertirse en Chacarera.
Pero
cada vez que un pie golpea la tierra,
cada vez que dos cuerpos
se buscan en el ritmo,
cada vez que la estructura sostiene el
juego…
y cuando se cruzan dos miradas
algo antiguo se activa.
Algo
que cruzó el océano.
Y que hoy, sigue danzando.
AITOR

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