sábado, 7 de marzo de 2026

Esculpir el aire: el dantzari y el vacío.

 

Hay esculturas que pesan toneladas y, sin embargo, su verdadera materia es el vacío. Así lo entendió Jorge Oteiza cuando buscó liberar el espacio de la piedra para que el silencio habitara en él.
Algo parecido ocurre en la danza.

El dantzari no solo se mueve: abre el espacio, lo mide con el salto, lo traza con el giro, lo sostiene en el instante suspendido entre dos pasos. Allí donde el cuerpo parece desaparecer, el aire queda marcado.

Quizá por eso cada danza deja una arquitectura invisible:

"Una escultura hecha de tiempo, de aire y de presencia."

​La escultura vacía y el dantzari

Para Jorge Oteiza, la escultura no debía llenar el espacio, sino liberarlo. El escultor quitaba materia para que apareciera el vacío activo.

En la danza ocurre algo parecido.

El dantzari no ocupa simplemente el espacio:
lo abre, lo marca, lo ordena con su movimiento.

​Buscando un paralelismo entre la escultura de Oteiza y al Dantza del Dantzari, podemos decir:

    -El escultor vacia el volumen, como lo vacia el dantzari con sus saltos y giros.

    -Si la materia delimita el vacio, el espacio del movimiento es delimitado por el cuerpo.

    -Se crean espacios espirituales con cada escultura y la danza crea espacios comunitarios y rituales.

    -Toma protagonismo el vacio, y ese aire entre cada movimiento/paso es protagonista.
Buzeando con la imagen poetica que nos ofrece Oteiza:

Oteiza esculpe el vacío con hierro o piedra.
El dantzari lo esculpe con el cuerpo.


La escultura queda fija. La danza aparece y desaparece, como una escultura momentánea en el aire.

Idea  oteiziana

En algunas danzas vascas —saltos, pausas, giros— (y no vascas tambien) el momento más intenso no siempre es el movimiento, sino el instante de suspensión.
Ese instante de aire es, en cierto modo,
la escultura invisible del dantzari.

Danza y escultura

Entre la piedra y el cuerpo existe una misma pregunta:
¿cómo habitar el espacio?

Jorge Oteiza  nos respondió vaciando la materia.
El dantzari responde-mos moviendo el aire.

Uno quita volumen para que aparezca el vacío. El otro traza con sus pasos una arquitectura invisible.

Si....
La escultura fija el espacio.
La danza lo despierta.

En ambas, la forma o resultado no es el final:
es la singladura hacia un lugar interior.

Cuando el dantzari salta, el aire queda marcado.
Cuando la escultura se abre, el silencio aparece y nos pregunta.

Allí, en ese vacío activo, pensante
se encuentran el hierro de la escultura
y el cuerpo que danza.



El vacio en Danza

El dantzari no ocupa el espacio.
Lo revela.

Salta
y el aire queda.

Gira
y el círculo aparece.

El cuerpo pasa,
pero el vacío permanece
como una escultura invisible.

Hierro, piedra en quietud,
cuerpo en vuelo.

Dos maneras
de decir lo mismo:

que el espacio
también
puede
danzar. 
-

El escultor libera el espacio de la piedra.
El dantzari libera el espacio del aire.
AITOR

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