viernes, 26 de diciembre de 2014

Matemáticas y danza?





Cuerpo, danza y matemáticas
Álvaro Restrepo, Director del Colegio del Cuerpo
Debo iniciar esta reflexión confesándoles que me siento hoy aquí un poco (mucho) como “mosca en leche”, pues nunca imaginé mi presencia en un evento que tuviera como tema central la enseñanza de las matemáticas. Cuando me llegó la invitación sentí un escalofrío que me recorrió el espinazo y que me regresó a mi infancia y adolescencia... como si me hubieran convocado de pronto a un examen múltiple que tenía pendiente desde hace años de álgebra, física, trigonometría y cálculo... todo al mismo tiempo.


Debo confesarles también que durante mi época escolar fui un pésimo estudiante en todo sentido: desaplicado, indisciplinado, indómito, disperso, inconstante. La verdad es que no cabía en mi cuerpo, no “daba pie con bola” y padecía lo que hoy se llama “hiperactividad”. Ayer mismo leí un artículo en el periódico El Tiempo titulado “Niños de Bogotá son hiperactivos”: necio, cansón, grosero, brusco, impulsivo, demasiado afectivo, déficit de atención, trastorno de aprendizaje, oposición desafiante, ansiedad, depresión, desorden afectivo bipolar, síndrome de Gilles de Tourette, etc., etc.


Todos esos síntomas y rótulos los viví yo durante mis años escolares. Hoy estoy aquí frente a ustedes, a mis 57 años, para hablarles sobre la relación de las matemáticas no sólo con la danza sino sobre todo con nuestro cuerpo. Y voy a hablar de una educación que no ha hecho otra cosa más que “sacarle el cuerpo al cuerpo”.


Pero antes de entrar en materia, permítanme compartir con ustedes esta cita del libro Sparks of Genius: The Thirteen Thinking Tools of the World’s Most Creative People, de Robert S. Root-Bernstein y Michele M. Root-Bernstein.


“Debemos implementar una educación multidisciplinaria que sitúe las artes en el nivel equivalente de las ciencias. Las artes y las ciencias constantemente interactúan de manera muy fructífera, con frecuencia desdeñada. Desde kínder hasta la universidad, todos los estudiantes deberían estudiar las artes tan profundamente como las ciencias, las humanidades y las matemáticas (...). Las artes no se limitan a la autoexpresión y al entretenimiento. Son, como lo hemos demostrado, disciplinas tan rigurosas como la medicina y las matemáticas, con sus propios corpus de conocimiento, técnicas, herramientas, habilidades y filosofías. Más aún, dado que las herramientas imaginativas utilizadas en las artes son fundamentales para las humanidades y las ciencias, merecen apoyo —no sólo para beneficio propio— sino por el bien de la educación como un todo. Las matemáticas, las ciencias y la tecnología sólo florecieron en el pasado cuando las artes también florecieron. Florecerán o fracasarán juntas en el futuro”.


Hoy vengo aquí a proponer el fin de la miope y torpe lucha entre las materias consideradas “importantes” y aquellas que llamamos “costuras”. Como nos dijo Gabo: una educación que “integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas”. Vengo a proponer, por lo tanto, el fin de las jerarquías en los colegios en los que hay maestros considerados importantes versus otros considerados menos importantes. No nos digamos mentiras: el profesor de matemáticas es casi siempre el rey del colegio (en el mejor de los casos), cuando no el más temido, el cuchilla, el ogro, el calavera. La educación física y la educación artística (con frecuencia impartidas por el mismo profesor) son una especie de relleno y de “utilización creativa del tiempo libre” en comparación con las materias “serias” a las que sí se otorgan muchas horas a la semana en el currículo. El conocimiento artístico y el conocimiento corporal (no únicamente físico) no están considerados dentro de las llamadas competencias básicas sino apenas como apéndices de las competencias comunicativas.


La educación artística corporal mucho le puede aportar a la educación en matemáticas y viceversa, como veremos más adelante. Educar con el arte y para el arte (a través del cuerpo) le brinda a la educación en general herramientas insospechadas y extraordinarias. Se trata de educar la sensibilidad, la creatividad, la intuición, la imaginación, la concentración, la coordinación, la motricidad, la “espacialidad”.


Hoy vengo, entonces, a hablar del cuerpo: ante el cuerpo, bajo el cuerpo, con el cuerpo, contra el cuerpo, desde el cuerpo, en el cuerpo, entre el cuerpo, hacia el cuerpo, hasta el cuerpo, para el cuerpo, por el cuerpo, según el cuerpo, sin el cuerpo, sobre el cuerpo, tras el cuerpo, durante el cuerpo, mediante el cuerpo.


Nuestras aulas-jaulas de clase, y esas máquinas de tortura que con frecuencia llamamos pupitres, están diseñadas para inmovilizar, negar, castrar, cuadricular, domesticar el cuerpo, porque se piensa que es en la quietud que la cabeza —y su inquilino, el cerebro— pueden apre(h)ender, acumular y procesar el sartal de conocimientos que nos inoculan a diario nuestros dictadores de clase.


No todos los seres humanos aprendemos de la misma manera. Hoy sabemos que existen las inteligencias múltiples. Algunos aprendemos a través del movimiento, de la acción, de la experimentación, percepción y comprobación práctica e inmediata de “conceptos y perceptos”.


Educar el cuerpo, insisto, el cuerpo físico, mental y espiritual, es preparar y acondicionar la herramienta privilegiada total que somos (no que tenemos), con la que nos apropiamos del conocimiento en sus múltiples dimensiones.


Veamos, entonces, cómo la elegancia, estética, la sensualidad y la belleza de las matemáticas dialogan con la precisión, exactitud y rigor científico de la danza, para establecer un diálogo fecundo con el cosmos a través de lenguajes que son complementarios y que enriquecen el concepto de una auténtica educación integral.

 Recomendado: https://www.youtube.com/watch?v=v-8Cm7L-iV8
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EL CUERPO, NUESTRO MAYOR PATRIMONIO

Álvaro Restrepo es, parafraseándolo, patrimonio de todos los colombianos. Todo él lo es, su cuerpo, su voz honda y firme, las huellas que deja en sus estudiantes, las obras que monta, sus reflexiones, sus actuaciones.

Con una sólida formación como bailarín y coreógrafo, hace 15 años fundó con Marie France Delieuvin, el Colegio del Cuerpo, una escuela de danza en Cartagena de Indias que no solo se ha posicionado en el mundo como una de las mejores, sino que se ha destacado por la formación que ofrece a niños, niñas y jóvenes de una de las ciudades más inequitativas del país. Su desafío: aportar efectivamente a la inclusión social a partir de la formación del cuerpo.


Sandra Suárez, gran maestra 2013, ha sido alumna de Álvaro Restrepo en varias ocasiones y lo admira inmensamente. Palabra Maestra planeó con ella esta entrevista.

Palabra Maestra: ¿Cómo se caracteriza la llamada nueva ética del cuerpo que usted anuncia en la web?

Álvaro Restrepo:  En varias ocasiones hemos dicho que creemos que gran parte de la crisis de nuestro país tiene que ver con una profunda crisis ética. Esa noción del tener a toda costa lleva a las personas a tomar atajos y se pierde el sentido de lo humano, de lo sagrado. Hablar de una nueva ética del cuerpo busca justamente introducir una nueva noción de riqueza, en el sentido del ser como la mayor riqueza que tenemos. Y por eso nosotros también afirmamos que “no tenemos un cuerpo, somos un cuerpo”.

P. M.: ¿Qué es para usted el cuerpo?

A. R.:
El cuerpo es todo. Lo único que verdaderamente tenemos. Es nuestro patrimonio, primero y último, es la primera y la última frontera , también. Es el lugar donde acontece nuestra vida, ese territorio de dignidad, de plenitud. El cuerpo lo concibo en esa triple percepción, su dimensión mental, su dimensión espiritual, su dimensión física.

Alguna vez escribí en la revista Número , en una reflexión sobre el cuerpo de la violencia en Colombia, el cuerpo roto de Colombia, cómo a veces no nos damos cuenta de que nuestra sangre es tan espiritual como física. Lo que tenemos que recuperar en este país es esa dimensión sagrada del cuerpo, lo sacrosanto, lo inviolable, porque la vida se ha vuelto algo desechable, el cuerpo se ha vuelto desechable. Nos hemos ensañado en las formas más macabras, más sutiles, más aterradoras de destruirlo.

Muchas religiones hablan del cuerpo como un templo. William Blake decía también que el cuerpo era la parte visible del alma. Entonces yo creo que es necesario recalcar en esa dimensión sagrada del cuerpo para esta vida, que también debe ser sagrada.

Creo que tenemos que recuperar ese sentido holístico del cuerpo, puesto que la educación se encarga de subdividirlo, de fragmentarlo, de escindirlo, y yo creo que hemos privilegiado ciertas zonas del cuerpo, como por ejemplo la cabeza, en detrimento de otras áreas, de la percepción y de otros canales de apropiación del conocimiento que están en nuestro cuerpo.

P. M.: En su opinión, ¿qué debe caracterizar una institución educativa que decide tomarse muy en serio y de manera intencionada la educación del cuerpo?

A. R.: Darse cuenta de que somos seres humanos integrales, con múltiples dimensiones, y que la dimensión estética, la dimensión artística, la dimensión corporal, la dimensión sensible, sensorial es tan importante como las demás. Suele pasar que hay áreas que son de primera categoría y otras de segunda y de tercera. Las matemáticas y otras más ligadas a la cuestión intelectual, tienen más importancia; fíjese que el profesor de Matemáticas es mucho más importante en un colegio que el profesor de Artes. Este último por lo general es la cenicienta, el último en importancia y su materia es considerada una costura. Así, por ejemplo, matemáticas se ve cinco veces a la semana, mientras que educación artística que no es considerada una materia esencial se ve una vez. Los maestros de arte muchas veces se sienten subestimados, desmotivados, y son ellos mismos quienes les aconsejan a sus estudiantes que no se dediquen a las artes porque “se van a morir de hambre”. Es un ciclo. La sociedad no respeta ni valora el conocimiento artístico.

Un colegio que quiera realmente ofrecer una formación equilibrada y verdaderamente integral, tiene que entender que debe darle la misma importancia a todas las áreas del conocimiento porque los humanos somos así, integrales.

P. M.: A su vez, supongo, el maestro de Matemáticas también debería tener consciencia de que con su clase está formando un cuerpo.

A.R.: Sí, formando o deformando a un ser humano. El cuerpo es ese territorio, como le decimos nosotros, ese lugar donde acontece nuestra vida. Los maestros de las áreas “más duras” descuidan a veces la posibilidad de buscar otras maneras, no solamente intelectuales, para que las personas se apropien de esos conocimientos y no dan la opción de que puedan vivirlo de una manera experiencial. Por ejemplo, la física no es solo intelecto, las leyes de la física pueden sentirse en el propio cuerpo, lo mismo que puede tenerse una experiencia sensorial de las leyes de la geometría en el espacio, en la arquitectura.

P. M.: Y un profesor de Sociales con la consciencia clara de que sus estudiantes son completos y son también un cuerpo, ¿qué puede proponer?


A. R.: Todo depende de la creatividad de cada maestro. Las relaciones sociales están mediadas también por la autopercepción, el autorrespeto. ¿Cómo lograr el respeto, la convivencia, el cuidado del otro? Eso necesariamente está atravesado por el cuerpo, lo mismo que los temas de la salud, de la biología. Por ejemplo, los profesores se encargan del conocimiento profundo del cuerpo y ello es mucho más que aprender unos conceptos o unos nombres. Sin embargo también hay que preguntarse por el cuerpo de ese maestro, por su consciencia de sí, porque lo que es claro es que el maestro les transmitirá a sus estudiantes lo que es él o ella. Enseñar es una tarea muy interesante y muy compleja que es necesario revolucionar pues implica cambiar la percepción que se tiene del sujeto que está aprendiendo para comprender que aprendemos con todo el cuerpo.

P. M.: Acaba de señalar usted un tema que es vital: la formación de maestros.

A. R.:
  Exactamente ese es un problema, porque las universidades los tratan también como seres fragmentados. La formación del maestro es el tema central, porque el maestro tiene ese rol, que debe asumir, de inspirador, de partero, de revelador, y debe ser consciente de que tiene esa responsabilidad. Hay una cita muy hermosa del premio nobel sudafricano John Maxwell Coetzee en su más reciente novela, Verano. Él habla del rol del maestro, de la responsabilidad y del poder que tiene, o que podría tener un maestro frente a un discípulo. Si me permite la voy a traducir rápidamente. Dice así:

Lo que yo llamo mi filosofía de la enseñanza, es de hecho una filosofía del aprendizaje, viene de Platón, modificado: antes de que el verdadero aprendizaje pueda ocurrir, yo creo que debe haber en el estudiante, en el corazón del estudiante, un cierto anhelo por la verdad, un cierto fuego. El verdadero estudiante se quema por saber; en el maestro reconoce aquel que se ha acercado, más que sí mismo, a esa verdad, y desea tanto esa verdad , que está encarnada en el maestro que él está preparado para quemar su viejo ser… para tenerlo. Por su parte, el maestro reconoce y estimula el fuego en el estudiante y responde a él quemándose con una luz aún más intensa. De esta manera los dos ascienden a un nivel más alto.

P. M.: Es muy bella, muchas gracias. Pasando a otro asunto, usted ha dicho que con su labor, el Colegio del Cuerpo busca aportar a la inclusión social. Las personas del común nos preguntaríamos, y ¿qué tiene que ver la formación de un cuerpo con reducir las brechas de desigualdad?

A. R.:
Si realmente reconocemos el cuerpo como nuestro mayor patrimonio, nuestra mayor riqueza y nos damos cuenta de que todos tenemos cuerpo, todos tendremos consciencia de ser ese patrimonio; si nos damos cuenta de que realmente llegamos a este mundo con las manos vacías y nos vamos de este mundo con las manos vacías, y que contamos solamente con este cuerpo que nos han dado, en el que vivimos, creo que podríamos lograr algo importante para los niños y jóvenes de todos los estratos sociales. Muchas veces los niños de los estratos altos viven en el mundo del “tener”, porque viven rodeados de bienes y de posesiones, etc. Y los que viven privados de esas posesiones, pues viven en la frustración; muchas veces porque no tienen. Entonces logramos que se entienda en los niveles altos como en los niveles bajos, que el ser es lo que importa…

P. M.:  Y tener la consciencia de su ser, ¿no?


A. R.:  Claro, la consciencia del ser, y la consciencia de ser un cuerpo; no de tener un cuerpo. Yo creo que esa consciencia podría hacernos valorar mucho más lo que somos, más que lo que tenemos.

P. M.:  Y también la posibilidad, supongo, de entrar en interacción con el otro, como un ser fuerte, no sometido, porque el ser que cree en sí mismo se para de una manera distinta frente a los demás.

A. R.:
Exacto. Muchas veces hemos visto niños que no tienen nada, que vienen de situaciones de privaciones, etc., pero que tienen y son unos cuerpos extraordinarios, especialmente en la costa Caribe con toda esta herencia afromestiza, donde vemos estas arquitecturas corporales naturales , de una gran belleza y armonía, entonces nos damos cuenta de que eso vale más que cualquier otra cosa. Por eso nosotros hablamos del talento como el fuego, como esa consciencia, y cuando hablamos del Colegio del Cuerpo decimos que nuestros niños son niños de “estrato talento”, son niños de estrato T. No queremos estigmas, ni queremos castas como las que existen en esta sociedad.

P. M.:  ¿Se nace con ese talento o es posible desarrollar ese talento?

A. R.:
  El talento se puede desarrollar, pero debo precisar que para nosotros el talento no es tanto los dones y las aptitudes, como las actitudes. Si uno tiene la actitud correcta, puede eyectar mucho más lejos que si tiene la aptitud, pero no tiene esa convicción, esa clarividencia, ese fuego. El concepto del talento hay que redefinirlo, para mí el talento es sobre todo fuego, sobre todo disciplina y entrega.


 Fuentes:

Aitor Alava
26/12/14